Ibermúsica, Barenboim y Doña Sofía homenajean a Zubin Mehta en sus 90 años
Zubin Mehta debutó en España con nuestra Orquesta Nacional en el Festival Internacional de Granada de 1964. Ese mismo verano, y con la misma agrupación, actuó también en el Festival Internacional de Santander. Así lo cuenta Alfonso Aijón, a sus 24 años, en el escrito con el que abre un programa de mano lleno de fotos. Desde entonces se desarrolló una estrecha amistad entre Mehta y quien, desde Ibermúsica, le rinde ahora homenaje a sus 90 años. No en vano Mehta y Daniel Barenboim, asistente al acto como también Doña Sofía, han sido soportes de Ibermúsica en vacas flacas. Ibermúsica ha presentado con Mehta por primera vez en España a la Filarmónica de los Angeles, a la Filarmónica de Israel y a la Orquesta de la Ópera de Múnich y oficialmente a la Filarmónica de Nueva York. Tampoco hay que olvidar que Mehta y Lorin Maazel pusieron musicalmente en marcha a un Palau de les Arts capitaneado por Helga Schmidt.
Mehta nos visita esta vez con la West-Easten Divan Orchestra en dos conciertos, una agrupación joven que dista del nivel de otras orquestas que nos han visitado recientemente y que, por ello, precisa mucho esfuerzo de quien las dirija. Zubin Mehta necesitó la ayuda de dos personas para trasladarse desde la silla de ruedas que le acercó al podio hasta subir a la colocada en éste. Luego, apenas gestos cuando comenzó la obertura de Rienzi. El despliegue de ese poderío sonoro que siempre ha sido su seña de identidad quedaba algo diluido y, al escuchar el famoso crescendo inicial, que debe lograr que la noble melodía de la oración crezca con una suntuosidad envolvente uno ya supo cuál sería la tónica del concierto. Tras Wagner salió al escenario la joven María Dueñas para dirigirse al público antes de arrancar con el violín. Ella tenía mucha ilusión por trabajar con Mehta, mientras que con Barenboim ya tocó el Concierto para violín de Beethoven. Dueñas, que posee una madurez técnica y una sensibilidad lírica asombrosa para su juventud, una naturalidad lejana a cualquier artificio y un sonido puro, no debió sentirse totalmente cómoda en el Concierto para violín n.º 1 de Bruch.
Escuchamos en el Adagio un fraseo profundo y en el Finale mostró su dominio del registro agudo, siempre cristalino y exento de asperezas, así como una firmeza en el arco con una energía rítmica arrolladora. No se trata simplemente de tocar rápido o fuerte -su volumen no es lo más destacable- sino de dotar a la obra de ese carácter heroico y romántico que Bruch imaginó, evitando caer en sentimentalismos vacíos. Zubin Mehta acompañó, sin partitura como todas las obras en sendas citas, dejando todo el espacio necesario para que el violín respirase sin verse nunca sepultado por la masa orquestal. Sin embargo, faltaba algo, lo que no impidió que, tras una pequeña charla con Mehta, abordase dos propinas en las que dejó claro quién es.
La Cuarta de Chaikovski ha de mostrar desde su inicio la brillantez de los metales y la suntuosidad de la cuerda de toda orquesta. Cierto es que Mehta huyó de patetismos en el fatídico motivo del destino inicial, para mostrar en el Scherzo su precisión rítmica, logrando en el tercero que el pizzicato de la orquesta sonase con transparencia o que, en el vendaval del cuarto movimiento, no perdió el control del discurso musical. Los años le han permitido ganar en profundidad y aportar una calma sabia que permite que la música respire especialmente en los momentos más líricos.
Sin embargo, quien escribe estas líneas se encontró de pronto, tras la entrada del clarinete en mi bemol que toma el tema principal en el segundo movimiento, evocando recuerdos y no escuchaba los sonidos presentes sino los que le llegaban desde el pasado. Así sucedió hasta que, en los acordes finales, los violines primero, seguido por las secciones de bronces y percusión buscasen cerrar con el efecto grandioso que cierra la obra y, entonces uno pensó que posiblemente sería la última vez que viese a su admirado Zubin Mehta en un podio, porque se despediría tras esta gira de homenajes e incluso llegó a pensar si no sería también tiempo para su propia retirada. Queridos lectores, el tiempo no pasa en balde, pero Mehta está anunciado este verano en el Festival de Granada junto al Maggio Musical Fiorentino con tres sinfonías de Mozart…
