Michael J. Fox: enredos de día, futuro de noche
Para Michael J. Fox, el tiempo se volvió loco en 1985. Pero no sólo por ir y volver del futuro en la piel de Marty McFly. Sino porque, durante el rodaje de «Regreso al futuro», pasó días y noches llevando hacia adelante nada menos que tres identidades distintas. Lejos quedó de aquella afirmación que hizo Albert Einstein: «La única razón de que exista el tiempo es para que no ocurra todo a la vez». Pues fue para él una época en la que se juntaron varios acontecimientos que cambiarían su vida para siempre. «Durante tres largos meses fui Alex, fui Marty, y fui Mike. Dos personas de más. Para poder acabar mi trabajo, al menos uno tenía que desaparecer, y el que sobraba era Mike», escribe el actor en «Future Boy. Regreso al futuro, y mi viaje a través del espacio-tiempo continuo» (Cúpula). Unas memorias en las que narra cómo hace 40 primaveras estuvo grabando la exitosa comedia televisiva «Enredos de familia» de día, y la cinta dirigida por Robert Zemeckis y producida por Steven Spielberg de noche.
«Eh, Murray, viejo saco de mierda, ¿cómo va eso?». Esta fue la primera frase que Fox le dijo a Spielberg, al confundirle con un técnico de sonido, el día en que se reunió por primera vez con el equipo de «Regreso al futuro». Confiesa en el libro su asombro al formar parte, por primera vez y a sus 23 años, de una gran producción de Hollywood. Debió ser un estreno abrumador. En un principio iba a ser Eric Stoltz quien encarnara al mítico McFly: meses antes de la incorporación de Fox ya se habían grabado varias escenas con Stoltz. Un rodaje que se repitió con el cambio, pues si algo tenían claro Zemeckis y Spielberg es que el compañero de Doc (Christopher Lloyd) debía ser Fox. Las expectativas estaban por tanto altas con el actor, quien incluye en sus memorias recuerdos y pasajes del guion original para retratar cómo, poco a poco, con sus dotes interpretativos y su experiencia en «Enredos de familia», entre otros trabajos, se fue ganando la química en escena con Lloyd o Lea Thompson, en el papel de Lorraine Baines. Aunque ello le supusiera un auténtico acto de supervivencia.
Durante seis semanas y a diario, Fox vivía una metamorfosis sobre el Cahuenga Pass californiano, una carretera por la que, explica, pasaba de niño soñando –precisamente– con su futuro. Un trayecto que más tarde se convirtió en un continuo portal del tiempo, pues fue el que debía transitar constantemente tras haberse convertido en el protagonista de una película de Spielberg. Por las mañanas, le llevaban al plató de la serie televisiva, y una vez terminaba su trabajo iba directo al dirigido por Zemeckis. En el camino, «me desprendía del niño prodigio que era Alex Keaton [protagonista de la serie televisiva] y me convertía en el siempre impresionable Marty McFly», escribe Fox. Una trepidante rutina tras el famosísimo universo del DeLorean, que pocas veces se ha contado hasta ahora. Y que se une, además, a interesantes detalles de cómo se forjó la cinta: cómo se sintió al grabar, mono amarillo mediante, la primera escena para la película junto a Lloyd, o cómo, de forma casi fortuita, sus propias zapatillas Nike, descatalogadas entonces, se convirtieron en un icono futurista.
