Anaxágoras y las partículas elementales
Junto con Empédocles, el otro gran pensador pluralista de la antigüedad es Anaxágoras de Clazómenas (500-420 a.C.), que se sitúa entre el gran filósofo siciliano y otros pluralistas inmediatamente posteriores, los atomistas, como Leucipo y Demócrito. Luego retomarán esa aproximación a la física los epicúreos, con las aproximaciones de Epicuro o Lucrecio. El pluralismo se opone al monismo de los milesios como, por ejemplo, Tales, que busca en un solo elemento, lo húmedo, la sustancia primordial. Otros monistas postulan una sustancia que no se ve ni se conoce, como el ápeiron de Anaximandro. Incluso los pitagóricos, con su énfasis en que todo es número, podrían pasar por pluralistas pero no lo son, pues son sus parejas numéricas el principio de todo: todo es número, es decir, una sola cosa. El pluralismo, en cambio, sostiene una ontología basada no en una sola sustancia sino en una multiplicidad de elementos: es, en principio, más sencillo casar con la intuición de los sentidos, que ven lo múltiple aflorar constantemente y el movimiento perpetuo desfilar por doquier. Por el contrario, sabemos que Parménides o Heráclito desconfían gravemente de esa apariencia y postulan seguir solo la razón, que acaba poniendo en cuestión lo múltiple, el movimiento o el tiempo. En concreto, son pluralistas pensadores como Empédocles y Demócrito, uno con sus raíces del cosmos y el otro como gran representante del atomismo: el primero hablaba de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego), el segundo de la infinitud de átomos que había circulando al azar en el vacío. Pero Anaxágoras también se configura como un pluralista: está a medio camino entre ambos, ni cuatro raíces movidas entre amor y odio, ni átomos. A Empédocles se le parece en algunas formulaciones y en otros aspectos, como la multiplicidad de partículas, a los atomistas. Su doctrina supone algo intermedio una multitud de partículas que se pueden hallar en todos los cuerpos.
Amigo de Pericles
Anaxágoras es un filósofo a medio camino entre los mundos y que por fin va a recalar en Atenas para marcar un inicio de época en la que la gran polis democrática del Ática será el centro de la ciencia universal. Es conocida, por ejemplo, su amistad con Pericles y con el círculo intelectual que hizo brillar aquella edad de oro. Se decía que era discípulo de Anaxímenes, pero esto es imposible por cronología, porque sabemos que acudió a Atenas en torno al 465 a.C. y trabó amistad con diversos personajes célebres, entre otros Eurípides y los sofistas. El fin de su vida coincide con la parte inicial de la guerra del Peloponeso: se cuenta que sufrió un proceso judicial por impiedad –anticipando acaso el que llevó a la muerte de Sócrates– porque se pensaba que sus ideas iban contra los dioses tradicionales. También se dice que esto le acarreó el exilio y quizá la quema de parte de sus obras. En el destierro en Lámpsaco Anaxágoras falleció más o menos por la misma época que Pericles en Atenas.
Anaxágoras infunde nuevos aires al pensamiento jonio, pero se hace eco de la escuela. eleática de Parménides, con el que concuerda en el postulado de que nada puede generarse de lo que no es. Como pluralista trata de conciliar los sentidos con la lógica de los eléatas.
Fue autor de una obra acerca de la naturaleza lejos de las alturas poéticas de los filósofos itálicos, pues eligió una clara prosa. Para Anaxágoras existen tantas sustancias primordiales como las cualidades que se perciben en las cosas y de ellas, según predominen unas u otras, obtiene cada cual su carácter. Considera igualmente nacimiento y muerte como unión y separación de unas partículas eternas, llamadas «homeomerías» por Aristóteles (pero por cierto que no en los fragmentos y pasajes conservados del filósofo), en las que están todas las sustancias, con predominio de una en particular. Dice: «Ninguna cosa nace ni perece, sino que, a partir de las cosas que hay, se producen combinaciones y separaciones y, de esta manera, lo correcto sería llamar al nacer combinarse y al perecer separarse». (59B) Pero todo ya está albergado en todo.
Un fragmento clave también es el 10 DK que dice: «En efecto, ¿cómo se generaría pelo de lo que no es pelo y carne de lo que no es carne?». Y es hay un embrión minúsculo de todo en todo: todo está a la vez en todas partes, parafraseando el título de una película reciente. Hay semillas de las cosas en las propias cosas en este universo eterno que permiten explicar bien la multiplicidad de entes, el movimiento, el cambio y la permutación incesante. Estas partículas hoy nos siguen interesando como precursoras del atomismo y destaca Anaxágoras como pensador que quiso abordar con claridad y precisión, en una prosa accesible, una vía intermedia para superar la escisión de las escuelas y para conciliar un pensamiento que pudiera avanzar.
