Lamentable lo sucedido en Mestalla: escupen y quitan la bufanda a un aficionado del Real Madrid
Un aficionado del Real Madrid sufrió en Mestalla, el campo del Valencia, el acoso de un par de hinchas valencianistas, que el obligaron a quitarse la bufanda y le escupieron. El Real Madrid ganó por 0-2 al Valencia, una victoria sin brillo, pero sí muy superior en un Mestalla resignado con su equipo.
Lo que no se esperaba es que un par de aficionados tratasen tan mal a un hincha rival. Según mostraron las imágenes de Movistar, le quitan y le tiran la bufanda que llevaba en los hombres y cuando se la vuelve a poner, se la vuelven a quitar. Al final, la coge y se va luciéndola. Un aficionado del Valencia se levanta y desde arriba, le escupe. Fue una imagen lamentable de un estadio que vive con resignación el mal momento de los suyos.
Los nervios de Mestalla
“Es normal que la gente esté nerviosa. Si fuera aficionado también estaría nervioso, es una situación complicada”, aseguró después el valencianista Gayá. Cómo vamos a estar? Mal. Estamos jodidos y fastidiados”, resumió el sentir del grupo tras el partido. "Nos ha faltado aprovechar las opciones que hemos tenido”, insistían los jugadores, señalando el primer gol encajado como un punto de inflexión emocional: una acción de rebote que “nos ha hecho daño” y que cambió el guion del partido.
“Semana muy dura para nosotros. Teníamos mucha ilusión y hemos perdido los tres partidos”, reconocían. Mestalla volvió a registrar cifras históricas de asistencia. Dos partidos consecutivos con récord en las gradas refuerzan una idea que el vestuario subrayó varias veces: es difícil pedir más a la afición. “Hay que estar juntos, pelear. Sé que es el mismo mensaje de siempre, pero no queda otra”, resumió Hugo Duro, máximo goleador del equipo y uno de los nombres propios de la noche.
Duro también puso el foco en el desgaste físico. “Al final hemos acusado el cansancio. Teníamos ilusión de conseguir un buen resultado y una jugada individual nos mata”, explicó,
Dudas con Corberán
Ese ruido se trasladó a los cambios, señalados desde la grada, y al banquillo. Carlos Corberán lo asumió sin rodeos. “Entiendo la decepción que va contra el entrenador”, afirmó, explicando decisiones concretas: la necesidad de refrescar el ataque, el cansancio de algunos jugadores y la búsqueda de “otros recursos” como Ramazani en los minutos finales. La apuesta por mantener a Hugo Duro, pese al desgaste, respondía a una lógica simple: cualquier balón al área podía significar un punto.
La pregunta sobre una posible dimisión no tardó en llegar. La respuesta fue firme. “Tengo fuerzas para seguir. Veo al equipo con fuerzas y mentalidad de competir. Tengo la responsabilidad de darle la vuelta a la situación”, insistió el técnico, consciente de que el discurso ya no se mide por convicción, sino por resultados. Corberán apeló a los valores personales, a la idea de lucha diaria y a una identidad que defiende aunque desde fuera se cuestione. “No comparto que el equipo no tenga identidad”, señaló.
El problema, sin embargo, no es el relato, sino su sostenibilidad. El propio entrenador reconoció que la gente no quiere palabras, sino hechos, y situó el foco en el corto plazo: mejorar todo lo posible para lograr “de aquí a una semana” un resultado que cambie la dinámica. El crédito se agota.
