Qué quería decir Gandhi cuando afirmaba que "El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia"
En un contexto global marcado por tensiones religiosas, polarización ideológica y conflictos identitarios, una frase de Mahatma Gandhi vuelve a resonar con fuerza: “El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”. Aunque pronunciada hace décadas, la reflexión del líder pacifista indio plantea una pregunta central para las sociedades actuales: ¿qué significa realmente respetar las creencias ajenas sin renunciar a las propias?
Para Gandhi, el amor no era un concepto abstracto ni meramente emocional. Era una fuerza activa, ética y política, capaz de transformar la convivencia humana. Cuando hablaba de respetar la fe de los demás, no se refería a una tolerancia pasiva o condescendiente, sino a un reconocimiento profundo de la dignidad espiritual del otro. En su visión, ninguna religión posee el monopolio de la verdad absoluta, y todas son intentos humanos —imperfectos pero valiosos— de acercarse a ella.
El respeto como coherencia moral
El respeto del que hablaba Gandhi implicaba, ante todo, coherencia. No se puede exigir libertad religiosa o comprensión para las propias creencias si no se está dispuesto a ofrecer lo mismo a los demás. Amar, en este sentido, significaba renunciar a la imposición, al desprecio y a la burla de las convicciones ajenas, incluso cuando estas resultan incomprensibles o contrarias a las propias ideas. Para el pensador indio, la fe auténtica no se debilita por el diálogo, sino que se fortalece cuando es capaz de convivir con otras sin miedo ni hostilidad.
Esta postura estaba estrechamente ligada a su principio de la no violencia, la ahimsa. La imposición religiosa, cultural o ideológica era, para Gandhi, una forma de violencia, aunque no siempre se expresara físicamente. Desacreditar la fe del otro, reducirla a ignorancia o fanatismo, implicaba negar su humanidad. El amor, por el contrario, exigía escucha, humildad y la capacidad de convivir con la diferencia sin intentar dominarla.
Un mensaje vigente en un mundo polarizado
En la actualidad, la frase adquiere una relevancia particular. En un mundo hiperconectado, donde las creencias se exponen, se debaten y se atacan constantemente en espacios públicos y digitales, el respeto genuino parece cada vez más escaso. La afirmación de Gandhi invita a revisar prácticas cotidianas: desde el discurso político hasta las conversaciones en redes sociales, pasando por la educación y los medios de comunicación.
Lejos de proponer un relativismo absoluto, Gandhi defendía una ética del encuentro. Respetar la fe del otro no implica renunciar a las propias convicciones, sino comprender que el amor verdadero no necesita imponerse para existir. En tiempos de fractura social, su mensaje sugiere que la paz no se construye eliminando las diferencias, sino aprendiendo a mirarlas con el mismo respeto con el que defendemos aquello en lo que creemos.
