Arturo Ávila, el candidato milusos
El diputado de Morena Arturo Ávila declaró que podría buscar ser candidato, ya sea a la gubernatura de Aguascalientes o a la alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México. ¿Es versatilidad tipo milusos o priista desdén al electorado?
En el viejo régimen, las decisiones sobre las candidaturas de los estados se tomaban en la Presidencia de la República. Lo importante era la dinámica de poder del partido hegemónico; las elecciones, un mero trámite.
Así, lo crucial era tener los conectes adecuados con el dedo que palomeaba las candidaturas, y qué más daba si el ungido llevaba lustros fuera de su estado natal, el “aparato” haría el resto.
Morena tiene siete años en la presidencia y mucho aún por demostrar. Por ejemplo, no han probado ser mejores para hacer que la economía crezca, ni pueden decir que la impunidad es menor que antes. El tiempo pasa y nada.
Sin importar lo anterior, hay quien cree que Morena tiene garantizados los triunfos. La declaración del diputado Ávila parece cuadrar con esa visión: da igual ir por este que por aquel puesto, así estén a cientos de kilómetros de distancia.
Cuesta trabajo imaginarse que, a menos de un año y medio de la elección, un político puede estar igual de preparado para encabezar a un estado entre Jalisco y Zacatecas, que para la alcaldía Cuauhtémoc.
Vaya cuadros los de Morena, que se dicen tan listos para gobernar una entidad que en el Informe de Competitividad Estatal del IMCO de 2026 sale en quinto lugar, todo un logro, como para una alcaldía que ni policía propia tiene y vive asolada por la gentrificación, la extorsión y las marchas.
No atino a saber cuál electorado podría estar más ofendido porque lo consideren una opción desechable, si el de Aguascalientes o el de la Cuauhtémoc. O, dicho de otra forma, ¿en dónde ancla su arraigo el diputado Ávila? O es como Groucho Marx: “si no les gusta este arraigo, tengo otro”.
Imposible no seguir con el hilo del tiempo priista. Cuando el partidazo gobernaba, la disciplina lo era todo: así uno podía, en efecto, acabar de delegado en una demarcación del DF como consolación, o escala, frente a una gubernatura.
Por ende, el delegado se sabía obligado con el gran elector, no con la sociedad, y la agenda que importaba era la que definía Los Pinos, no los temas que urgían a la población.
“Me estaré inscribiendo en Aguascalientes, una encuesta que ya gané en 2022”, adelantó Ávila a Milenio en entrevista publicada el lunes, en la que detallaba: “Sin embargo, en 2022, también la paridad de género, por los criterios de competitividad (sic), pues no me permitieron competir. Pero si de pronto hay otro escenario y puedo ayudar a mi movimiento a recuperar una alcaldía como la Cuauhtémoc, que hoy tiene un pésimo gobierno y con acusaciones de corrupción, claro que me anoto, por supuesto. Yo creo que la alcaldía Cuauhtémoc tiene sin duda una importancia significativa en términos de quienes están, las empresas, los barrios. Es muy importante”.
Décadas atrás la izquierda promovió que el entonces Distrito Federal dejara de ser una entidad de segunda en cuanto al derecho a elegir gobernantes. La sociedad se sacudió el tutelaje de los delegados y el regente.
Parece que el diputado no se enteró de ello y hoy demanda que su “movimiento recupere” la Cuauhtémoc, y él se ofrece como su salvador o como opción a Aguascalientes… No, pues gracias por el sacrificio.
Al promoverse como candidato milusos, Ávila desdeña a dos electorados. Muy priista todo, para sorpresa de nadie.
