Vox bloqueará los nuevos gobiernos para reforzar su posición electoral
Santiago Abascal ha visto su oportunidad de oro y no piensa desaprovecharla. Cuatro elecciones autonómicas seguidas y con Vox en efervescencia. Muy lejos de alcanzar al Partido Popular, sí, pero con la tercera plaza más que consolidada y, en algunas provincias, hasta con capacidad de disputarle la segunda al PSOE.
Una situación de fuerza que le empodera a la hora de hacer valer el peso de sus apoyos, si es que son necesarios. De las cuatro citas de este nuevo ciclo, dos de ellas –Extremadura y Aragón– son consecuencia de la falta de entendimiento con Vox, que impidió por segunda vez consecutiva sacar adelante unos presupuestos. El PP pulsó el botón nuclear para reducir la dependencia y el desenlace, a expensas de lo que pase el domingo, podría ser muy distinto del esperado.
El rompecabezas de Vox sitúa el bloqueo hasta después de Castilla y León. El embrollo se explica así: las elecciones en Extremadura tuvieron lugar el pasado 21 de diciembre, y Abascal, visto el resultado, empezó con su estrategia. Pacto, sí, siempre y cuando «María Guardiola pase por el aro». De lo contrario, la negociación se convierte en un quinario hasta que se vote en Aragón. Porque no es lo mismo elevar el órdago cuando la subida es flor de un día que cuando hay un segundo territorio que confirma lo que la demoscopia vaticina: que sólo Vox disfruta la primavera en este crudo invierno.
Así pues, las piezas no terminarán de encajar hasta después de Castilla y Léon. A diferencia del PP, que goza de independencia en sus territorios, en Vox todo lo decide una sola persona que tiene despacho en la sede nacional, aunque ni es militante del partido ni siquiera está en nómina de manera directa. Es su empresa la que recibe una ingente cantidad de dinero por los servicios de asesoría. Se trata de Kiko Méndez-Monasterio, el asesor áulico que marca la pauta y que no entiende de barones ni de autonomías. Sólo de unas siglas. Y de un nombre, el de Santiago Abascal.
Quedan escasas horas para que termine la campaña electoral en Aragón y la gran incertidumbre es si Azcón logra ganar con el margen suficiente para garantizar la estabilidad en los próximos cuatro años o se las tiene que ver con Vox. En su geometría, hay una opción alternativa para pactar con los partidos regionalistas: el PAR y Aragón Existe. Pero los últimos sondeos publicados apuntaban a una realidad diferente: una victoria incontestable, con un hundimiento de la izquierda y una fuerte subida de Vox.
Pero si algo queda claro es que las campañas cada vez mueven más votos. Y, como publicó LA RAZÓN, el presidente de Aragón y candidato a la reelección dedica el esprint final en arañar «dos puntos» más para llegar a un umbral del 40%, que le acercaría a su escenario idílico. Lo que caerá, con toda seguridad, será la «mayoría suficiente». Garantía de nada. Esto significa que la representación del PP supera a toda la izquierda junta y, por tanto, de Vox es necesaria una abstención. Nada más. Claro que, si Vox duplica su presencia, ya sea un «sí» o una «abstención», no va a firmar un papel gratis.
Extremadura, una negociación imposible
Azcón quiere evitar a toda costa convertirse en una pieza más del rompecabezas de Abascal. Porque, de ser así, sabe que el acuerdo tendrá que esperar. Como le ocurre a su colega Guardiola.
En realidad, era lo previsible. A escasas horas de terminar la campaña electoral en Aragón, no hay visos de entendimiento. Es más, distintas fuentes conocedoras aseguran a LA RAZÓN que «las negociaciones están rotas». Ni Partido Popular ni Vox ofrecen información oficial de cuántas veces se han visto, quiénes y dónde. Y cuándo fue la última vez. Apenas anteayer María Guardiola desveló que se habían celebrado tres reuniones. En su opinión, «pocas».
Su intención inicial era llegar a la constitución de la Asamblea con la investidura desbloqueada y la realidad es que o abre la mandíbula casi hasta desgajársela para tragarse un sapo bien grande que Vox pueda rentabilizar en plena maratón electoral, o tendrá que esperar sentada a que pasen las elecciones en Castilla y Léon. A riesgo de ir a una investidura fallida. Incluso de repetir las elecciones, una posibilidad que, conforme pasa el tiempo, va ganando más enteros.
Hace semanas, poco antes del inicio formal de la legislatura, Vox se levantó de la mesa de negociación. Dio un portazo. Con la sola justificación de que Guardiola se resistía a «cambiar ciertas políticas». Después, hubo una enmienda y dijo que no, que el que rompía en verdad era el PP. Pero el PP matizó que siempre ha tenido la mano tendida para rubricar un pacto y no había roto nada. Un embrollo que deja entrever un callejón sin salida.
Ahora, Aragón corre el riesgo de ser un déjà vu de Extremadura. Y Castilla y León, de Aragón y Extremadura. Y Andalucía, de Castilla y León, Aragón y Extremadura. En buena parte de las comunidades de España la única opción de gobierno posible pasa por el entendimiento de PP y Vox. Y la demostración extremeña es que son incapaces de tener una relación, al menos, respetuosa. Ya no cordial. También es cierto que el caso de María Guardiola es distinto a los demás, porque Santiago Abascal no oculta la profunda inquina que le profesa. Llegó a amenazar con pedir su cabeza si las cosas se ponían feas y no es descartable que lo cumpla. En Génova, descartan anticipar un escenario parecido para Aragón. «No es día de hablar de lo que pasará si las cosas se ponen feas», zanjan.
