Ya van 87 vueltas al sol o en este caso, cientos de vueltas a la montaña. La conversación con Carlos Soria empieza casi sin protocolo, como empiezan las cosas importantes, directamente con una declaración de carácter: «Soy un viejo rebelde». Lo primero cuesta creerlo por su aspecto aún fuerte y lozano. Lo segundo parece rotundamente cierto. Es casi inexplicable que a su edad haya culminado el decimotercer ascenso a un ochomil, su preferido, el Manaslu y explica: «Ahí está el carnet de identidad, pero mi cabeza y el resto de mi cuerpo van completamente por otro lado, van por caminos distintos». Amén. Hablar con Carlos es entrar en un tiempo que no se parece al nuestro y en un mundo...
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