Consecuencias del relajamiento cuantitativo del Fed
Para enfrentar la Gran Crisis Financiera, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) adoptó dos medidas extraordinarias: redujo rápidamente la tasa de interés de referencia hasta llevarla a cero en diciembre de 2008 y, desde ese mes hasta marzo de 2010, aplicó la primera intervención no convencional, conocida como “relajamiento cuantitativo” (QE).
El QE consiste en la compra, a gran escala, de títulos gubernamentales de largo plazo y valores respaldados por hipotecas, principalmente a los bancos, a cambio de depósitos en el Fed, conocidos como “reservas”. La provisión de reservas permitió contener la “corrida” de los bancos hacia activos líquidos, estabilizar los mercados financieros y evitar una profunda recesión.
Con una inflación por debajo de 2 por ciento y un desempleo casi de 10 por ciento, en noviembre de 2010 el Fed inició un QE2, con el fin de reducir las tasas de interés de largo plazo y, de esta manera, estimular la economía. El QE2 terminó en junio de 2011 y fue seguido por un QE3, que duró de septiembre de 2012 a octubre de 2014. Finalmente, para atenuar el impacto del Covid-19, de marzo de 2020 a marzo de 2022, el Fed implementó un QE4.
Los QE han generado varias consecuencias. La primera fue un cambio operativo en la política monetaria. Para eliminar el costo de la tenencia de reservas, el Fed empezó a remunerarlas. Además, en lugar de un punto, la política monetaria comenzó a definirse en términos de un intervalo objetivo para la tasa de fondos federales (TFF). Su aplicación ha involucrado la determinación de un “corredor” de tasas administradas, cuyo techo original fue la tasa remunerada de las reservas y cuyo piso fue la tasa pagada a las inversiones de otras instituciones, conocidas como reportos inversos (RRP). El arbitraje entre los bancos y otras instituciones mantenía la TFF dentro del intervalo objetivo.
Como segunda consecuencia, los QE han propiciado una creciente adicción del público a la liquidez. En enero de 2026, el tamaño del balance del Fed, cuyos principales activos son los títulos adquiridos mediante los QE, fue de 6.6 millones de millones de dólares, más de siete veces el monto previo al QE1. Las reservas han permitido a los bancos fondearse de la manera más barata, mediante depósitos a la vista, para extender liquidez a sus clientes, por ejemplo, a través de créditos a empresas y préstamos a fondos con colaterales menos líquidos.
Una tercera consecuencia ha sido la dificultad para revertir los QE. En octubre de 2017, el Fed inició un proceso de disminución de su balance, conocido como “apretamiento cuantitativo” (QT), mediante dejar vencer ciertos montos de bonos gubernamentales y valores respaldados por hipotecas sin reinvertirlos.
Sin embargo, en septiembre de 2019, la TFF efectiva rebasó al alza el rango de política monetaria, revelando tensiones en el mercado de RRP, lo que obligó al Fed a iniciar una nueva fase de inyección de liquidez. Este aumento ocurrió mediante un creciente financiamiento de reportos, que se institucionalizó en julio de 2021 con la “facilidad permanente de reportos” (SRF). La tasa de la SRF se convirtió en el techo de las operaciones monetarias y, desde entonces, ha funcionado como una garantía prácticamente ilimitada para la adopción de riesgos por parte de los intermediarios.
De forma similar, en junio de 2022 el Fed inició un QT2, pero lo suspendió en diciembre de 2025 al volver a presentarse señales de estrés en el sistema bancario y en los mercados. Este banco central ha justificado la reversión de los QT invocando la conveniencia de preservar un régimen de “reservas amplias”, es decir, aquellas cuya demanda empieza a ser sensible a la tasa de interés.
Como cuarta consecuencia, el Fed se ha convertido en un financiador importante del déficit del gobierno federal, ya sea de forma directa al adquirir sus títulos de deuda o, de manera indirecta, al garantizar la liquidez de los intermediarios para que los obtengan.
La quinta consecuencia ha consistido en que, contrario al propósito original, la capacidad de estímulo de los QE sobre la economía ha sido escasa. Por ejemplo, con independencia de la variación de la liquidez de la economía, de enero de 2010 a febrero de 2020 el desempleo se redujo casi de manera lineal. Asimismo, a pesar del QT2, desde mediados de 2022 el desempleo ha permanecido por debajo o cerca del nivel considerado de largo plazo.
Kevin Warsh, candidato designado a presidir el Fed, ha expresado la intención de compactar el balance de este banco central como medio para recortar la TFF. En lugar de este cuestionable objetivo, los inconvenientes descritos ofrecen una justificación para cambiar las reglas del juego, reducir el tamaño del balance y enfocar la provisión de liquidez en casos excepcionales.
