Inquietud y alerta máxima: Trump valora el ataque directo contra Irán y las bases españolas se convierten en pieza clave para su ofensiva
El tablero de Oriente Próximo vive horas decisivas. Los cazas furtivos F-35A de la Guardia Nacional Aérea de Vermont, que han salido desde Puerto Rico, ya han completado el cruce del Atlántico y aunque su destino es desconocido, todo indica que serán diversos puntos clave para un despliegue final en la región, lo que evidencia que la situación parece ir alcanzando su punto de ebullición.
De igual manera, el Pentágono ha decidido reforzar su músculo naval y aéreo en la zona para no dejar cabos sueltos. Mientras el grupo de combate del portaaviones USS Abraham Lincoln patrulla aguas bajo supervisión directa, una docena de cazas F-15E Strike Eagles ha aterrizado en Jordania junto a aviones de rescate. A este inmenso dispositivo se suma el destructor USS Delbert D. Black y los sistemas de defensa Patriot.
Por otro lado, la compleja logística de esta operación toca de lleno al continente europeo. La base aérea de Morón se perfila como una pieza relevante en el engranaje con la movilización de aviones de guerra electrónica EA-18G Growler hacia territorio iraní. La preocupación es máxima, evidenciada por la llegada al Reino Unido de un avión WC-135R Constant Phoenix diseñado para rastrear posibles partículas radiactivas tras explosiones.
En el plano político, la Casa Blanca estudia con cautela cada movimiento pero no descarta la opción más contundente. El presidente Donald Trump valora seriamente una intervención militar directa contra el régimen iraní. Los planes que se barajan incluyen ataques aéreos coordinados contra instalaciones nucleares y centros de mando neurálgicos, una maniobra ofensiva que alteraría el equilibrio global.
La respuesta defensiva y el bloqueo diplomático
En consecuencia, el régimen de los ayatolás ha optado por atrincherarse ante la amenaza inminente que se cierne sobre su territorio. Teherán ha respondido anunciando la incorporación inmediata de un millar de drones estratégicos a su arsenal, destinados tanto al ataque como al reconocimiento. La tensión bélica ha llegado a las calles, donde el Gobierno ha comenzado a transformar estaciones de metro y aparcamientos subterráneos en refugios improvisados para proteger a los civiles.
No obstante, la estrategia de presión estadounidense se ha topado con un muro diplomático entre sus socios árabes tradicionales. A pesar de la inestabilidad interna de Irán y su asfixia económica, tanto Arabia Saudí como los Emiratos Árabes Unidos han marcado una línea roja y han prohibido el uso de sus bases para lanzar incursiones contra suelo persa. Los vecinos de la región intentan evitar verse arrastrados al conflicto.
