¿Y si la luz al final del túnel certificara la vida eterna?
Cuando hace ocho años, una vecina le pidió a Jesús Sánchez Adalid que acompañara a su madre en los últimos momentos de su vida, reaccionó como cualquier cura. Con el sí y el consuelo por delante. La anciana estaba desahuciada por los médicos. Sin embargo, de un día para otro se recuperó y relató lo que se denomina «experiencias cercanas a la muerte» (ECM). El sacerdote, escritor y exjuez dejó en «stand by» aquella narración. Hasta que una abogada a la que también asistió en lo que parecía ser su despedida definitiva, pasó por el mismo trance. Su relato le descolocó. «Yo era un escéptico, pero no me ha quedado más remedio que adoptar otra posición ante estos y otros tantos testimonios», sentencia el que fuera premio Fernando Lara de novela.
Ahora, con el apoyo de esta letrada, Sánchez Adalid rueda la serie documental «Buscando la luz», un proyecto audiovisual bajo la dirección del director Manuel Gómez Cano, que cuenta con el patrocinio de la Consejería de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes, a través de la Fundación Extremeña de la Cultura. El presbítero emprendedor busca abordar este fenómeno con una mirada eminentemente científica y alejado de toda espectacularización o aura esotérica, dando un paso más para clarificar los tópicos vinculados a la luz y al túnel de ida y vuelta, que, por otro lado, son una constante en quienes protagonizan estos episodios.
Eso sí, cada uno de los miles de relatos sobre esta cuestión pueden tener algún elemento común, pero no se repite en ellos un patrón que las haga idénticas. «Hay quien se ve con el propio cuerpo desde fuera, otros cuentan con detalles que se han encontrado con un marido o con un padre que ha fallecido años antes. Otros hacen una revisión de su vida a modo de unas secuencias de película. Pero todos coinciden en que no lo pueden explicar bien del todo, porque es una experiencia que podríamos definir como inefable, que no se puede poner con palabras, en tanto que sale de la dimensión terrenal y ya no funcionan los sentidos, es otro tipo de experiencia», apunta Sánchez Adalid.
Debate abierto
Su interés por este debate abierto entre quienes lo avalan y quienes ven ensoñaciones fruto de la medicación en un estado comatoso no es ni mucho menos aislado. El tirón que despiertan estas experiencias es tal que el médico catalán jubilado Manuel Sans Segarra atesora ya un millón de seguidores en redes sociales y ha convertido sus investigaciones en monólogos multitudinarios, dentro su intento por explicar de manera pedagógica que hay vida después de la muerte, con argumentos científicos que corroboran la existencia de lo que él denomina como la supraconciencia. Se trataría de una conciencia eterna y universal que existe más allá de la mente individual y la actividad neuronal, que permite conectar al ser humano con una dimensión más profunda.
Sans Segarra y otros tantos investigadores abordan la cuestión desde un enfoque eminentemente aconfesional, refiriéndose a otra dimensión energética inagotable después de que el cuerpo se apague. «Para mí los referentes son el psiquiatra norteamericano Raymond Moody, que recopiló hasta 150 casos en un libro que atesora trece millones de ejemplares vendidos y el neurocirujano de Harvard, Eben Alexandre, absolutamente ateo, que afrontó un coma una meningitis severa», explica el sacerdote.
Para enhebrar su documental, ha contado, entre otros, con la doctora Luján Comas, especialista en anestesiología y reanimación y presidenta de Fundación Icloby, así como con Xavier Melo, doctor en Economía Aplicada e investigador especializado en estudios de la conciencia.
La miniserie, de tres episodios de 35 minutos cada uno, se adentra en esta doble perspectiva científica y testimonial: «Lo estoy haciendo desde el punto de vista de la honestidad y la humildad más absoluta, sin tratar de convencer a nadie, sino presentando los casos que más me han impactado de la mano de quienes han abordado con seriedad esta cuestión, porque las personas que lo viven cambian por completo su perspectiva y horizonte».
El credo de la vida eterna
La Iglesia, hasta la fecha, no se ha pronunciado ni de manera formal ni informal sobre las experiencias cercanas a la muerte. Tal y como recoge el credo de Nicea, que acaba de cumplir 1.700 años, los cristianos profesan creer en «la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro», pero no hay rastro en el magisterio sobre estos sucesos. Sánchez Adalid comparte que estas experiencias «no entran en colisión para nada con la fe ni con la espiritualidad ni con nada».
«No sería arriesgado pensar que la caída del caballo de San Pablo estuviera vinculada a una experiencia cercana a la muerte, que le llevó a un colapso y es el punto de partida de su conversión», deja caer a continuación.
Eso sí, Jesús Sánchez Adalid se muestra convencido de que «los católicos no estamos prestando atención, mientras los científicos ya nos están diciendo que la conciencia no está en nuestro cerebro, sino fuera, o lo que es lo mismo, retoman el concepto de alma que se había desechado por parte de la ciencia». Desde ahí, el sacerdote admite que no todo aquel que afronta este trance se encuentra con la fe: «Algunos de ellos vuelven a la Iglesia, pero todos dan un salto del ateísmo al agnosticismo, a dar un sentido trascendente a su existencia».
