Paciencias democráticas
El filósofo de la Universidad de Harvard John Rawls dedicó buena parte de su obra a explicar que el consenso democrático nace de la capacidad de convivir con el desacuerdo razonable, no de que todos piensen igual. En “Liberalismo político” argumentó que en una sociedad con personas diversas, razonables y bien informadas, estas pueden llegar a conclusiones distintas sobre los mismos hechos, y que eso no es un problema que resolver sino una realidad que se debe administrar con tolerancia. En ese sentido, esta última no es una virtud que concede generosamente a sus adversarios, sino la condición mínima sobre la que se construye cualquier democracia.
Esto no parece estar asumido del todo por el premier Luis Galarreta quien dijo, en plena ceremonia de firma del decreto del aumento de salario mínimo, que el Ejecutivo ha mantenido “paciencia democrática y actitud republicana hasta el momento”. Como si la paciencia fuera un recurso finito que el gobierno administra con generosidad y que en algún punto podría retirar.
Keiko Fujimori lo respaldó horas después. “Están poniendo a prueba nuestra paciencia”, advirtió. Y su presidente del Consejo de Ministros había agregado antes que los congresistas que fiscalizan “ya deberían superar la elección” y que esperaba que no “abusen del poder” que les otorga la Constitución. Tres frases que apuntan en la misma dirección: la fiscalización parlamentaria es un exceso que el Ejecutivo está tolerando con benevolencia.
Al respecto, la Constitución le da al Congreso exactamente esas atribuciones: interpelar, censurar, acotar facultades. Un parlamentario que las ejerce usa el poder. Y un gobierno que interpreta ese ejercicio como una prueba de paciencia confunde el rol del Ejecutivo con el de un árbitro que decide cuándo el partido se juega y cuándo se suspende. Distinto fue, vale recordar, el abuso legislativo que cometió la mayoría parlamentaria fujimorista contra el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, apelando a hipótesis y no a evidencia, como sí lo están haciendo muchos de los diputados que hoy plantean rechazar el pedido de facultades que contiene normas que no son ciertamente prioridad para el país.
La tolerancia política es reconocer que quien piensa distinto tiene el mismo derecho a ejercer sus funciones que quien gobierna. El consenso democrático nace de la capacidad de disentir con evidencia, negociar con transparencia y construir acuerdos sin convertir la “paciencia” en moneda de cambio. El Perú ya vivió en los años noventa lo que ocurre cuando un gobierno decide que su tolerancia tiene un límite. Lo viven actualmente diversas dictaduras enquistadas en el poder en el mundo. Por eso vale la pena cuestionar estas frases antes de que se normalicen.
