La paz también se aprende
Cada 21 de setiembre se conmemora el Día Internacional de la Paz, una fecha proclamada por las Naciones Unidas para fortalecer los ideales de paz entre los pueblos y promover la suspensión de la violencia y los conflictos. La fecha invita a los Estados y a las comunidades a desarrollar actividades educativas y de reflexión en torno a este valor.
Aunque la citada fecha ya pasó, hablar de paz no debería quedar limitado a un día del calendario. Esta conmemoración adquiere sentido cuando nos permite reflexionar sobre lo que hacemos cotidianamente para construir relaciones más respetuosas y menos violentas. La paz no significa únicamente ausencia de conflicto; también supone aprender a convivir, escuchar, regular las emociones, resolver las diferencias y reconocer el valor de los demás.
En niños y adolescentes, estas habilidades se desarrollan mediante experiencias cotidianas y, especialmente, a través de los modelos que encuentran en los adultos. El aula y el hogar son espacios privilegiados para enseñar que la convivencia pacífica se construye con acciones concretas.
Recibir a cada niño por su nombre y con una sonrisa le transmite que es importante y tiene un lugar. Escucharlo con atención le demuestra que sus pensamientos y emociones merecen ser tomados en serio. Hablarle con respeto y cuidar nuestro propio lenguaje le ofrece un modelo que podrá reproducir en sus relaciones.
También es importante crear oportunidades para cooperar, trabajar y jugar con otros. En esos espacios, los niños aprenden a compartir, esperar turnos, escuchar distintos puntos de vista y afrontar desacuerdos.
Del mismo modo, las actividades pueden alternar momentos individuales y grupales, activos y tranquilos, dentro y fuera del aula.
La naturaleza ofrece otra oportunidad educativa. Salir del aula permite conversar sobre el valor de la vida, el cuidado de los seres vivos y nuestra responsabilidad con el planeta. La lectura cotidiana también puede favorecer la imaginación y la empatía al acercar a los niños a otras experiencias y perspectivas.
Y cuando aparece el enojo, también hay una oportunidad para aprender. Un espacio tranquilo donde el menor pueda apartarse momentáneamente, recuperar la calma y después reintegrarse al grupo puede ayudarlo a desarrollar autorregulación. Los propios estudiantes pueden decorar la esquina “Tiempo para meditar y reflexionar”. Sabrán que ese es un espacio al que pueden ir cuando se sientan enojados. Deben saber que serán bienvenidos a reintegrarse a la clase una vez que se sientan listos y no ver ese sitio como un lugar de castigo.
Estas prácticas no pertenecen solo al ámbito de la escuela. También podemos llevarlas al hogar, el trabajo y los demás espacios de convivencia. La manera en que escuchamos, hablamos, reaccionamos ante un desacuerdo o tratamos a quien piensa diferente constituye una enseñanza cotidiana.
Por eso, el Día Internacional de la Paz puede ser mucho más que una celebración anual. Puede recordarnos que la paz se construye todos los días, mediante el respeto, la solidaridad, la escucha y el autocontrol.
La paz se aprende cuando los niños encuentran adultos capaces de practicarla.
rsolismep@gmail.com
Rocío Solís Gamboa es psicóloga con más de 40 años de experiencia en educación, niñez y adolescencia y violencia escolar. Fundó y dirigió la Contraloría de los Derechos Estudiantiles del MEP. Fue viceministra administrativa y viceministra académica del MEP, presidenta de la Comisión Unesco Costa Rica y miembro de la Junta Directiva del PANI.
