La psicología ya no tiene ninguna duda: las personas que hablan solas en voz alta procesan mejor la información y refuerzan su memoria visual
Buscar algo perdido por casa y ponerte a repetir en voz baja su nombre parece un gesto casi ridículo, de esos que hacen que la gente te mire raro. Sin embargo, según ha recogido la emisora brasileña Tupi FM, un estudio de los psicólogos Gary Lupyan y Daniel Swingley, publicado en The Quarterly Journal of Experimental Psychology, sostiene justo lo contrario: hablar solo mientras rastreas un objeto perdido acelera de forma notable la capacidad del cerebro para localizarlo.
Los investigadores diseñaron varios experimentos para poner a prueba esta idea. En el primero, mostraron a los participantes una pantalla con veinte imágenes distintas y les pidieron encontrar un objeto concreto. Un grupo se limitó a leer el nombre en silencio; el otro lo repitió en voz alta mientras exploraba las imágenes. El segundo grupo resolvió la tarea con mayor rapidez de forma sistemática.
Por qué decir en voz alta lo que buscas ayuda al cerebro
Lupyan, profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison, ha explicado el porqué de este efecto. Aunque cualquiera sepa reconocer un plátano a simple vista, pronunciar la palabra activa en el cerebro información adicional sobre su forma, su color y su tamaño. El objeto acabaría apareciendo de todos modos, pero decir su nombre reduce la cantidad de elementos irrelevantes que la mente tiene que descartar antes de dar con él.
Para confirmar que este mecanismo también funciona fuera de un laboratorio, el equipo replicó el experimento con fotografías de estanterías de supermercado, pidiendo a los participantes localizar productos concretos lo más rápido posible. Otra vez ganó el grupo que verbalizó los nombres, sobre todo cuando se trataba de artículos ya conocidos. Los propios autores atribuyen esta ventaja a lo que llaman un doble canal sensorial: el sistema auditivo refuerza la representación visual que ya tenemos guardada en la memoria de trabajo, así que dos vías del cerebro colaboran en lugar de trabajar por separado.
Hablar con uno mismo también puede ayudar a gestionar las emociones
Por otro lado, un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan y la Universidad de Michigan han dado un paso todavía mayor, estudiando qué ocurre cuando ese diálogo interno se formula en tercera persona. Según sus hallazgos, preguntarse "¿por qué está nervioso Juan?" en lugar de "¿por qué estoy nervioso yo?" introduce una distancia emocional que ayuda a procesar los sentimientos de forma más racional, reduciendo la reactividad ante situaciones de estrés.
Ahora bien, no todo diálogo interno resulta beneficioso, y la psicología marca aquí una frontera bastante clara. El habla dirigida a uno mismo que aporta ventajas cognitivas es voluntaria, tiene un propósito concreto y se detiene en cuanto la persona ya no la necesita. Cuando ese murmullo se vuelve involuntario, persistente, cargado de pensamientos negativos repetitivos, o viene acompañado de aislamiento o confusión, conviene plantearse una consulta con un profesional de salud mental, ya que ahí es donde el recurso cognitivo deja paso a un posible síntoma.
Así que hablar solo no dice nada sobre lo espabilado o despistado que sea alguien, es simplemente una estrategia que el cerebro pone en marcha para procesar información con más eficacia.
