Por qué Ana María Silva, creadora digital en pediatría, dice que la confianza médica no la construye ningún algoritmo
Hay una pregunta que Ana María Silva escucha con frecuencia cuando habla de lo que hace. No es sobre pediatría ni sobre comunicación. Es sobre las alternativas. Si no es el contenido viral, si no es el formato más llamativo, si no es la cuenta con más seguidores, entonces qué.
No es curiosidad neutral.
Es una forma de cuestionar el punto de partida.
Silva no suele responderla de frente. Habla de lo que observa, de lo que no está funcionando, de por qué ciertas soluciones en el mercado de contenido médico producen exactamente los resultados que producen. Y en algún punto, sin forzarlo, eso termina respondiendo solo.
Su posición sobre el ecosistema de salud en redes sociales no tiene mucho matiz: no es que falte contenido. Es que la mayor parte del contenido disponible no tiene el respaldo que necesita para ser realmente útil.
Un análisis publicado en The British Medical Journal en diciembre de 2025 documentó que el 87 por ciento de las publicaciones sobre pruebas médicas populares en redes sociales son principalmente promocionales y solo el 15 por ciento menciona posibles riesgos. El mismo estudio encontró que incluso creadores con credenciales de salud pueden incurrir en prácticas que priorizan el impacto comercial por encima del rigor científico.
El problema no es la plataforma. Es el criterio con que se usa.
"Todas estas supuestas soluciones son superficiales y no resuelven el problema de raíz", dice Ana María Silva.
Lo que describe no es un fenómeno marginal. En el último trimestre de 2024, una sola plataforma de video retiró 4,8 millones de videos dañinos, según datos reportados por Expansión México en junio de 2025. La eliminación reactiva no resuelve el problema estructural: la demanda de información médica crece más rápido que la oferta de médicos dispuestos a producirla con rigor.
Silva lleva años pensando en esa brecha desde ambos lados.
Como pediatra formada en el Hospital Alemán de Buenos Aires, ve lo que llega al consultorio. Familias que tomaron decisiones basadas en contenido que sonaba riguroso y no lo era. Padres que llegaron convencidos de algo que ninguna evidencia respalda. Madres que abandonaron prácticas recomendadas por la OPS porque un video las persuadió de lo contrario.
Como creadora digital en pediatría con presencia en más de veinte países, ve el otro lado. El espacio que existe para contenido médico confiable. La demanda que ya existe y que no está siendo cubierta por profesionales con formación verificable.
Madre de cuatro hijos, habla de esto también desde la experiencia de haber sido paciente del mismo ecosistema que ahora habita como creadora. Sabe lo que busca una familia desesperada. Sabe que el algoritmo no distingue entre una recomendación respaldada por evidencia y una que no lo está.
"No somos creadores de contenido. Somos traductores de ciencia", dice Ana María Silva.
La distinción define el objetivo. No viralidad. Utilidad. No alcance máximo. Información correcta que llegue a quien la necesita en el momento en que la necesita.
Eso es lo que el mercado todavía no está produciendo en la cantidad que hace falta.
