Cervantes y las cuentas
De las enseñanzas de Cervantes pudiera obtenerse un tratado de economía, como del "Robinson Crusoe” (1719), de Defoe. Tiene gran conocimiento del mundo comercial. Del “homo economicus” de su tiempo. Pragmático de la economía. Y más de la microeconomía. Por su trabajo como recaudador comisionado de Tributos por la Contaduría Mayor de la Real Hacienda, padeció los litigios y “alcances” derivados de cobros y libranzas. Como gestor diligente no se sintió recompensado por sus servicios. Por ello en un encuentro iberoamericano fue nombrado Censor Letrado y Contable Honorario del Reino de España y de las Américas (Sevilla, 1988).
Al Rey correspondía la “buena y recta gobernación y administración de cargos y oficios“. Una “economía de la gracia”, cual red de patronazgo que critica en sus obras, por sufrirla. Defiende unos empleos públicos como instrumento de regeneración moral para su ideal de “buen gobierno”, sabiendo premiar y castigar equitativamente. Nunca buscando en otros lo que puedes hacer por ti mismo. Una “moral de servicio” por convicción y profesionalidad.
Solicitó embarcarse a América, pero pensaron que era más útil aquí. La columna vertebral de la administración estaba formada por “Consejos” integrados por expertos. Jerárquicamente, el Rey proyectaba su poder para ejecutar la ley y administrar gobierno y justicia. Que pese a las corruptelas mantuvo eficazmente un imperio durante más de 300 años, hasta que nuestro sistema de oposiciones a los cuerpos superiores de la Administración fue acabando con aquella sociedad estamental. Pareciera que algunos pretenden ahora volver por aquellos fueros. Pero sin la “altura y grandeza de ánimo” de entonces.
