De un penalti a la vida diaria: las técnicas que usan los deportistas para rendir cuando todo está en juego (editado)
Un jugador camina hacia el punto de penalti. El estadio ruge, millones observan desde casa y el reloj corre. Ese instante, tan breve como decisivo, condensa una presión que va mucho más allá del talento o la técnica. Detrás de ese gesto hay un cerebro intentando sostener el rendimiento en condiciones extremas. La pregunta surge sola, ¿cómo se ejecuta un penalti cuando todo un país está mirando? Y, sobre todo, ¿cómo trasladar esas estrategias a desafíos mucho más cotidianos como un examen, una entrevista o una presentación?
El psicólogo social y coach deportivo Guillermo Miguenz desmonta una idea muy extendida: la ansiedad no es el problema. “Todos sienten ansiedad. Lo importante es que esa emoción no interfiera en la ejecución”, explica. El verdadero obstáculo aparece cuando la mente se llena de pensamientos.
Un penalti es un movimiento automatizado, aprendido desde la infancia. Pero cuando el jugador intenta controlar conscientemente lo que ya sabe hacer, la acción se bloquea. Ese mismo mecanismo aparece en la vida diaria: estudiantes que se quedan en blanco, profesionales que olvidan lo preparado, personas que sienten que “pierden” habilidades que dominan. “Lo que interrumpe el rendimiento es el rumiar, esa cadena de pensamientos que intenta dirigir algo que ya está aprendido”, resume Miguenz.
Las herramientas que usan los deportistas para despejar la mente
Para reducir esa interferencia, los deportistas recurren a técnicas simples, pero entrenadas con constancia. La neuropsicóloga Karina Carreño detalla cuatro pilares:respiración consciente para regular el estrés, visualización para preparar el cerebro antes de actuar, rutinas previas que generan sensación de control y atención plena para mantenerse en el presente.
Además, trabajan un aspecto decisivo, el diálogo interno. Cambian frases como “no puedo fallar” por mensajes que favorecen la ejecución. La fortaleza mental, señala Carreño, se entrena igual que cualquier habilidad física.
Detrás de cada deportista hay un equipo que trabaja sobre regulación emocional, concentración, tolerancia a la frustración y recuperación tras el error. En la vida cotidiana, ese acompañamiento no siempre existe, y Carreño recuerda que el acceso al entrenamiento psicológico sigue siendo un privilegio.
Qué ocurre en el cerebro cuando la presión es máxima
El neurólogo Alejandro Andersson explica que, bajo exigencia extrema, el cerebro entra en un estado de activación total. No es solo nervios, sino que se activan sistemas de alerta, atención, emoción, memoria motora y control ejecutivo. La amígdala detecta el peligro y dispara la respuesta emocional; la corteza prefrontal regula impulsos y toma decisiones; los ganglios basales y el cerebelo ejecutan movimientos automatizados tras años de práctica.
El estrés, aclara, no siempre perjudica. Un nivel moderado puede mejorar la concentración y la velocidad de reacción. La diferencia está en cómo se interpreta la situación: desafío o amenaza. La misma presión puede potenciar o bloquear según cómo el cerebro procese la experiencia.
Las herramientas del deporte funcionan también en situaciones cotidianas. Antes de una entrevista, una exposición o una conversación difícil, Carreño recomienda: respirar lento durante uno o dos minutos, visualizar cómo se quiere afrontar la situación y centrarse en la tarea, no en el resultado.
“Cuando dejamos de pensar en el resultado y ponemos el foco en lo que estamos haciendo, la ansiedad baja y el rendimiento mejora”, explica. Miguenz aporta un dato que ayuda a relativizar señalando que entre el 90% y el 95% de los deportistas rinden mejor en los entrenamientos que en las competiciones. No por falta de capacidad, sino porque ningún entrenamiento reproduce el impacto emocional de un momento decisivo.
