Espectacular regreso a Madrid de «El lago de los cisnes»
Un Teatro Gran Vía abarrotado de público ha acogido con entusiasmo, aplausos y bravos de varios minutos el retorno de «El lago de los cisnes» a Madrid, tras cinco años de destierro por una censura tan absurda como ridícula que castiga el arte, la gran creación sinfónica, el ballet y la cultura, por decisiones espurias.
Felizmente, la primera y gran obra de ballet clásico del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski, «El lago de los cisnes», regresa a Madrid, luego de verse excluida en la gira por provincias durante varios años, interpretada por el Ballet de San Petersburgo, transmutado en el Ballet Clásico Internacional por la censura de enanos políticos.
La primera bailarina, Tatiana Nazarchevici, interpreta de forma majestuosa su doble papel de princesa Odette, cisne blanco-cabeza de bellísima mujer, por el encantamiento del malvado brujo Rothbart, y de Odile–hija de Rothbart–, que quiere impedir en la lucha permanente del bien contra el mal, la unión pura con el joven príncipe Sigfrido, interpretado extraordinariamente por el primer bailarín Nicolái Nazarchevici, pareja de Tatiana en la vida real. En ellos hay que destacar sus maravillosos pax de deus (paso a dos).
Junto a ellos es de reseñar las grandes actuaciones del bufón (Cristian Preda), del mismo perverso Rothbart (Alexánder Litvínov) y del conjunto de bailarinas de la corte y de cisnes y de bailarines de este gran Ballet de San Petersburgo, dirigido en esta ocasión por Andréi Sharáev –en otras ha sido el propio Batalov–, que desde hace más de 35 años viene a Madrid y a toda España gracias al esfuerzo y al buen hacer de la productora independiente Tatiana Solovieva.
Chaikovski creó en el último tercio del siglo XIX, en los estertores del romanticismo, esta gran obra musical posiblemente a partir de un libreto de cuentos alemán, quizá ruso, con diversas modificaciones posteriores, con el objetivo de llevar a la conciencia mundial la eterna lucha del mal sobre el bien, inmortalizada siempre por la redención por el amor. En «El lago de los cisnes» habla la música y hablan los bailarines en plena sincronía en la belleza, la felicidad y el dramatismo de una eterna confrontación en la que el Mal está triunfando sobre el Bien. El compositor terminó este magnum opus con la muerte trágica por amor de Odette y Sigfrido ante el invencible genio del mal (Rothbart). Posteriormente, este final dramático se sustituyó por el triunfo del bien –redención por el amor–. Sin embargo, y contemplándolo en este tiempo, Chaikovski tenía toda la razón.
