Los rivales de España: Bielsa con Uruguay; el estreno de Cabo Verde y la confusión de Arabia Saudí
Uruguay es un país muy especial en el mundo del fútbol, pero puede que no sea tan especial como el entrenador que les dirige en este Mundial. Marcelo Bielsa ya tiene 70 años, pero sigue siendo ese tipo tan impredecible que no se sabe por dónde va a salir en las conferencias de prensa ni si su presencia va a multiplicar el rendimiento de su equipo o, al revés, va a disminuirlo por la incomprensión mutua entre plantilla y entrenador. Las dos cosas ha vivido Uruguay.
El país sudamericano es una nación de tres millones de personas que presume de un palmarés desproporcionado respecto a su tamaño: dos oros olímpicos en los años veinte, un Mundial inaugural en 1930 y, sobre todo, el Maracanazo de 1950, cuando aquella celeste diminuta derrotó a Brasil en su propio estadio y ante doscientas mil almas que ya estaban de celebración anticipada. El fútbol ha seguido, también la vida, pero a veces da la impresión de que se detuvo ahí.
Sin embargo, pocas veces, en toda esa historia futbolística, habrá llegado al banquillo un personaje tan singular como Bielsa. El técnico argentino acumula dos experiencias mundialistas que resumen perfectamente su figura: con Argentina en Corea-Japón 2002, cuando la Albiceleste cayó eliminada en la fase de grupos en uno de los mayores batacazos de su historia, y con Chile en Sudáfrica 2010, adonde llegó después de doce años de ausencia de la Roja en una Copa del Mundo y a la que condujo hasta octavos de final, donde hizo sufrir muchísimo a España.
Duda con Marcelo Bielsa
Con Uruguay, el arranque de Bielsa fue esperanzador. Los primeros compases de su mandato generaron entusiasmo, buenos números en la clasificación y una corriente de confianza que el aficionado charrúa abrazó con ganas, como si hubiese llegado el momento de volver a ser grande. Pero esa ilusión se fue enfriando progresivamente hasta que llegó el golpe que aún escuece: una derrota por 5-1 ante Estados Unidos el pasado noviembre, que prendió todas las alarmas y obligó a replantearse si Bielsa y Uruguay eran realmente compatibles.
Se va a ver ahora. Ambos llegan al Mundial con la herida fresca, con Fede Valverde, jugador del Real Madrid, como máxima referencia del grupo y con una carencia que les puede penalizar demasiado en el campeonato: Uruguay ha visto retirarse en los últimos años a sus tres grandes referentes ofensivos, Edinson Cavani, Diego Forlán y Luis Suárez, tres delanteros de postín que sostuvieron durante décadas el ataque charrúa. Darwin Núñez, por ahora, no ha estado a su altura.
Cabo Verde
Medio millón de habitantes, un archipiélago perdido en el Atlántico y bastantes jugadores que no jugaban con su selección nacional. Eso era Cabo Verde en el fútbol internacional durante mucho tiempo, un país que veía cómo sus mejores jugadores elegían representar a otras naciones antes que vestir la camiseta azul y blanca. Hoy ese relato ha dado un giro completo y los «Tiburones Azules» van a disputar su primer Mundial.
Cabo Verde fue territorio portugués hasta julio de 1975 y muchos años más tarde la federación caboverdiana diseñó una estrategia sistemática para rastrear a los hijos de la diáspora, a todos aquellos descendientes de caboverdianos repartidos por Europa que todavía no habían comprometido su elegibilidad con ninguna selección absoluta.
Esa apuesta ha generado un bloque con una solidez que no suele verse en selecciones de países con tan poca masa poblacional. El equipo lleva cerca de cinco años jugando conjuntamente, con un núcleo estable que ha construido automatismos y entendimientos que se notan sobre el césped. En la fase de clasificación africana, Cabo Verde ganó su grupo por encima de Camerún, una selección de peso en el continente con más tradición. Otra cosa es que tenga alguna opción en el Mundial.
Arabia Saudí
La Federación Saudí decidió prescindir de Hervé Renard a dos meses del inicio del Mundial en un movimiento desesperado por dar otro tono al equipo. El alemán Georgios Donis asumió el cargo con el tiempo justo para conocer a un grupo que clasificó con apuros y que llega a Estados Unidos con más dudas que certezas, pero también con la lección aprendida de que en un Mundial cualquier cosa es posible.
La salida de Renard cerró un ciclo con claroscuros, pero donde los claros fueron muy claros: bajo su dirección, Arabia Saudita se clasificó para Qatar 2022 y protagonizó allí una de las tardes más inesperadas en la historia del torneo. El 2-1 ante Argentina en la fase de grupos sacudió al mundo entero, un resultado que nadie vio venir. Lo que sucedió durante el descanso de aquel partido quedó grabado en la memoria del fútbol: Arabia perdía 1-0 y Renard pronunció en el vestuario un discurso que encendió a sus jugadores. La remontada llegó en la segunda parte y el nombre de Renard viajó a todos los rincones del planeta.
El pasado pesa más que el futuro. Y esa gesta contrasta con el tortuoso camino hacia el próximo Mundial. Arabia Saudí quería seguir creciendo, porque, además, organiza el Mundial de 2034, pero los planes no salieron como se esperaba. Llega, pues, sin muchas esperanzas de repetir hito.
