El arrebato/genio/ poder de Morante derriba la Puerta del Príncipe
Tardaron una eternidad en sacar a Morante de la Puebla por la Puerta del Príncipe. No porque hubiera dudas o no fuera reglamentario, como la otra vez. No porque faltara nadie. Todo lo contrario. La multitud era tan inmensa que avanzar unos metros se convirtió en una tarea imposible. Sevilla se había echado a la calle. Una riada de gente esperaba desde mucho antes de que terminara la corrida para acompañar a hombros al torero que, por fin, y tras haber caído herido en esta plaza, ha conquistado la ciudad sin discusión posible. Las imágenes resultaban elocuentes. Cientos de personas apiñadas alrededor del torero primero y de la puerta después. Jóvenes y veteranos. El fenómeno había desbordado el toreo. Después de catorce años Garzón recuperaba en Sevilla la fecha del Corpus con un cartelazo que agotó las entradas con mucho tiempo de antelación. Tres toreros de la tierra en pleno furor del morantismo. Regresaba a Sevilla después de la cornada, aunque reapareció en Jerez. Los problemas que había habido con la corrida, y su presentación, que no lograba ser aprobada, se extendieron al primero de la tarde, que regresó a toriles por flojo. El sobrero de Garcigrande resultó puro almíbar para la muleta del de La Puebla. Ya con la capa las verónicas, pero la fluidez absoluta nos sobrevino en el toreo de muleta. Entre las dos rayas del tercio e incluso más cerrado el toro tomó el engaño sin rechistar y Morante lo gozó con el virtuosismo al que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos. Por uno y otro pitón. Ligado todo. Templado todo. Suave todo. Bonito. Y como colofón una estocada al primer día encuentro y el trofeo. Qué buen punto de partida.
La faena de doble premio
Pero llegaríamos a habitar un lugar mucho más profundo y llegó en la primera tanda del cuarto. Nada más comenzar. Fue toro sin remate para Sevilla. Taladró Morante las zapatillas sobre el albero para torear al natural y aquello tenía una fuerza casi dramática como si toreara con rabia. Roto, cerca del toro, descosiéndose el alma para entregarla en cada muletazo a ese buen ejemplar, repetidor que tuvo mucho ritmo por el zurdo y Morante se lo encontró por todos los rincones en una faena plena de genialidad. Fue bonito Morante. El de La Puebla no toreó. Se entregó al toro. Se fue tras la espada, que cayó caída y antes de que el animal claudicara ya se escuchaban las palmas por bulerías y lo que ya es un himno, ese «José Antonio Morante de la Puebla». Era el preámbulo de lo que estaba por venir, que no era nada menos que la Puerta del Príncipe para el que ya es, por fin, rey en Sevilla. Y vinieron las multitudes, y las locuras, y los golpes para sacarlo por la del Príncipe. Llegó todo y llegó más.
Aguado nos sorprendió yéndose nada menos que a portagayola en el tercero. Pasó ese infierno y le pegó un farol en el encuentro. Crujió Sevilla después a la verónica con mucha emoción y lo haría después al llevarlo al caballo. No había venido Pablo a pasar el rato y eso se respiraba en cada gesto. Bordado Iván García. Preciosa fue la faena, con mucho pellizco el comienzo y con empaque los derechazos, aunque lo más interesante vino después cuando el noble toro fue bajando intensidad y Aguado tiró de recursos para alargar los pases y que se convirtieran en casi circulares con mucho temple. Bonito el cierre. Un pinchazo precedió a la estocada. Quedaban ganas de más. El sexto, más reservón y a la espera, no dio opciones. La tarde estaba echada. Bien estuvo Espartaco en varas. Ortega anduvo tibio y de menos a más con el tercero, bajo de raza pero de buen aire por el zurdo y poco pudo hacer con el descastado quinto, que brindó a Fran Gutiérrez, buen aficionado mexicano.
Ficha del festejo
Sevilla. Toros de García Jiménez y Garcigrande, el 5º, El 1º, sobrero de Garcigrande, noble y muy bueno; 2º, de buen juego; 3º, noble y a menos; 4º, bueno sobre todo por el zurdo; 5º, desrazado; 6º, reservón y a la espera. «No hay billetes».
Morante de la Puebla, de canela e hilo blanco, estocada desprendida (oreja); estocada caída (dos orejas).
Juan Ortega, de berenjena y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada (silencio).
Pablo Aguado, de tabaco y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada (saludos).
