Zverev acaba con el sueño de Rafa Jódar en los cuartos de final de Roland Garros
Hubo un momento en el arranque del primer set en el que Alexander Zverev estaba desconcertado, como si no entendiera muy bien qué estaba sucediendo. Siempre es difícil jugar contra un tenista al que no te has enfrentado antes, pero un escenario como la Philippe Chatrier podía imponer a un novato como Rafa Jódar. Lejos de eso, el español plantaba cara al número tres del mundo, más poderoso en los intercambios, vencedor en el duelo de derechas y resistente cuando se “enfrentaban” revés contra revés. Superadas dos pelotas de break en el primer juego, Jódar tuvo media hora de locura contra uno de los mejores jugadores del mundo, contra el gran favorito a ganar Roland Garros en estos momentos. Restaba bien, amenazó cada saque del alemán, y logró por fin el break en un juego en el que restó un servicio a 222 km/h y que completó con un puntazo en el que movió a su rival de lado a lado hasta terminar desbordándolo con una derecha ganadora. Paciente, ordenado... Su tenis le llevó hasta el 5-2, pero en ese momento se le apagó la luz. Cuando le tocó servir con 5-4, sufrió una rotura en blanco. Quizá era el momento de tener calma contra un oponente algo nublado y desnortado, y se precipitó un pelo, pero qué fácil es decirlo. Un pelo es casi literal: los pocos centímetros por los que se le escaparon dos derechas. Zverev ya estaba ahí, creció su confianza y el partido cambió sin posibilidad de que volviera a dar la vuelta (7-6 [7/3], 6-1 y 6-3).
Todavía aguantó Jódar hasta el tie-break del primer parcial, pero ya empezaba a sentirse inferior. El número tres del mundo tiene un arma muy poderosa en el servicio, y a partir de ahí todo fluye con más naturalidad. Es el jugador que más primeros mete, y además las velocidades medias se acercan a los 210 km/h, y las máximas los superan por bastante. En el desempate llegó a conectar un saque a 227.
La temperatura en París bajó como diez grados respecto a hace unos días y comenzó a llover. Seguramente favoreció al de Hamburgo que el encuentro se disputara bajo techo, porque la derecha del español se ha visto desde el comienzo del torneo que pica mucho y que coge un efecto diabólico, que queda algo neutralizado en las condiciones de estos cuartos de final. También llevaba el madrileño muchas horas en pista, casi tres más que su rival, y con el techo la sensación de agobio es tremenda: comenzaron a sudar mucho casi desde el primer juego.
A Zverev se le acusa de ser algo conservador. Se coloca muy al fondo de la pista y desde ahí comienza a elaborar las jugadas. A veces cede demasiado ventaja, pero tiene fuerza desde tan lejos para tirar profundo e ir ganando terreno. Jódar no pudo adueñarse de la situación y mandar. En las estadísticas de la ATP aparece como el tercer jugador que mejor resta los primeros servicios de los rivales, pero esta vez le fue imposible. El segundo set fue rápido y en el tercero plantó de nuevo batalla, aunque cediera otra vez pronto su servicio. Con 4-3 le llegó la primera posibilidad de romper al germano en mucho, mucho tiempo, pero la respuesta fue un saque letal a 213 por hora. No hubo manera.
Rafa Jódar se va de Roland Garros convertido, todavía más, en el nuevo fenómeno del tenis. El sueño de Zverev de ganar su primer Grand Slam sigue adelante.
