Contundente Luzón
Gran discurso del fiscal anticorrupción en la recta final del «caso mascarillas». Alejandro Luzón justificó una posible rebaja penal a Víctor de Aldama contra el criterio de su jefa, pidió la condena ejemplar a Ábalos para frenar la corrupción política, e hizo un sentido alegato contra la colonización de las empresas públicas por los gobiernos, que las acaban corrompiendo. En los tres casos tiene razón, pese a que dirigentes incautos como Patxi López se atreven a decir que es un absoluto escándalo apoyar que se rebaje la pena a Aldama.
El fiscal anticorrupción explicó bien claro el porqué: hay que premiar a quien colabora con la Justicia para acabar con la corrupción de los políticos. Si en vez de premiarle, como pide la acusación, se le perjudica por haber ayudado, estamos incitando a los corruptos a corromperse. No habría ya otros posibles casos de confidentes, dado que beneficia más seguir en el lado del crimen que cambiarse de bando. Ergo, si queremos que los bandidos dejen de serlo, habrá que incentivarles para que se arrepientan y descubran los hechos delictivos en los que participaron, aun a sabiendas de que eso también les condena a ellos.
Pero la pena para los «arrepentidos» debe ser siempre necesariamente menor, pese a que a Patxi López le parece bien lo contrario. Es decir, pretende López que se aumente la condena al confidente, por haber delatado, y se disminuya al corrupto que no colabora. En resumidas cuentas: más condena para Aldama y menos para José Luis Ábalos.
Semejante despropósito solo puede salir de la cabeza voluble del otrora lendakari, hoy reconvertido en la voz de Pedro Sánchez en las Cortes.
No sólo él. Se ve que Peramato debe pensar parecido, si es que ordenó a Luzón no pedir menos cárcel para Aldama. Algo que el fiscal anticorrupción, por pertenecer a una institución jerarquizada, no ha tenido más remedio que cumplir, si bien sólo en la forma. Su formulación de pena no ha bajado para Aldama (siete años), pero justifica que la acusación solicite una condena menor, en premio a su colaboración. Es lo que corresponde, cabría apostillar.
Curioso pasaje éste, que nos retrata bien el perfil de la sustituta del condenado Álvaro García Ortiz como fiscal general. Peramato podría hacer algún esfuerzo por aparentar algo de independencia en la institución que dirige, aunque se ve que en ella pesa más servir a Sánchez y a Félix Bolaños, que la pusieron en el cargo, que cumplir con la obligación de dirigir con independencia a la Fiscalía. Nada que no pudiéramos imaginar.
En segundo lugar, Luzón fue claro en plantear un castigo ejemplar para los políticos corruptos. No habría caso de no haber aceptado Ábalos favores de ningún tipo por parte del comisionista. Si los gobernantes no se corrompen, los comisionistas no tienen futuro. Pero si el político se deja sobornar, el traficante crece en influencia y prosigue en sus andanzas. Cuando el protagonista de la corrupción es un ministro, la gravedad del caso es mayor.
En tercer lugar, las empresas públicas. Sentido alegato del fiscal anticorrupción en defensa de la independencia de unas compañías a las que se perjudica en su imagen, y la de sus empleados, cuando hay representantes de los gobiernos que las «parasitan» usándolas en beneficio personal, por entender que las pueden manejar a su antojo por el simple hecho de ocupar un puesto en el Consejo de ministros.
Es una pena que grandes compañías como Correos, Ineco, Tragsa o Renfe, por citar sólo a algunas, queden manchadas en su buen nombre, simplemente porque hay quien considera que tiene derecho a colocar en ellas a personas que van a cobrar sin trabajar. Así ha ocurrido. Es lo que se debe evitar.
