¿Está Europa entrando en recesión por la guerra con Irán?
Muchos políticos están buscando la excusa para imponer racionamientos, control social y límites a la demanda. El círculo de socios de ultraizquierda de Sánchez está deseando imponer más límites a las libertades civiles. Lo intentaron con la guerra de Ucrania y lo volverán a intentar. Cualquier excusa es válida y la guerra de Irán despierta sus ansias intervencionistas, depredadoras y expoliadoras. En vez de defender a las empresas que encuentran soluciones, invierten y mejoran las cadenas de suministro y la seguridad, parece que solo se les ocurre expoliar.
Los datos de abril reflejan que la actividad privada de la eurozona vuelve a contraerse, la inflación repunta y la confianza empresarial se deteriora. En la eurozona se han negado a bajar impuestos y desarrollar nuestros recursos naturales, se han puesto todas las trabas a la industria y ahora lo pagamos más caro.
Europa no se asoma aún al peor escenario posible para cualquier banco central y cualquier gobierno, el de la estanflación, pero se acerca peligrosamente a otro error estratégico como el de 2022.
En 2022, la UE tuvo la oportunidad de tomar decisiones que nos preparasen para un shock energético futuro y, en vez de hacerlo, cayó en la complacencia. Nos salvó del colapso un invierno suave y la compra de gas natural licuado de Estados Unidos.
La señal de alarma ha llegado en el índice de gestores de compras (PMI) adelantado de abril. El índice compuesto de la eurozona cayó hasta 48,6 puntos desde los 50,7 de marzo, por debajo del límite de 50 que separa expansión de contracción. Es decir, está en contracción severa y la lectura más débil en aproximadamente año y medio. Esta vez, la contracción no viene de la industria, sino también de los servicios, el motor de la recuperación europea en 2025. El PMI de servicios cae a 47,4 desde 50,2, el peor registro desde comienzos de 2021.
Las empresas y consumidores europeos están ahogados por impuestos y exceso de regulación, y al impacto de los errores internos se añade que los costes de producción suben. Esta semana hemos leído que menos del 10% de las recomendaciones del informe Draghi se han implementado, y eso que el informe no era una panacea. También hemos aprendido que las importaciones de gas ruso se han disparado en marzo. Así nos va.
Europa y Reino Unido vuelven a ser los más débiles en un entorno de shocks externos por negarse a implementar políticas que fortalezcan la seguridad de suministro, el desarrollo de los recursos naturales y la diversificación. El “cero neto” vuelve a convertirse en cero crecimiento y cero desarrollo industrial.
Aunque solo el 7% del tráfico del estrecho de Ormuz va a Europa, el shock de Oriente Medio ha vuelto a encarecer petróleo y gas. Es cierto que el precio del petróleo no ha llegado a alcanzar, de momento, los extremos de 2022 ni en términos nominales ni reales, pero aumentan los costes de transporte, producción y calefacción mientras los gobiernos siguen gastando y con impuestos elevados. En Estados Unidos el precio del gas natural ha bajado un 20% y en Europa ha subido un 55%. La tarifa eléctrica, una amalgama de impuestos y costes regulados, no mejora, aunque haya renovables y las empresas y consumidores europeos pagan más del doble por la electricidad que las estadounidenses.
Según SP Global, los plazos de entrega en la manufactura europea se han alargado con la mayor intensidad desde julio de 2022, generando problemas de precio pero también de suministro en Europa.
El deterioro es evidente en las dos grandes economías del euro. Alemania registró en abril su primera contracción de actividad en casi un año. Francia profundiza su enfriamiento hasta el peor nivel en más de un año. El “cohete” español, con datos de marzo, refleja una disminución de la producción, de los nuevos pedidos y de la confianza empresarial, con un repunte de la inflación y disrupciones en las cadenas de suministro. Además, se reducen los niveles de personal y la actividad de compras, según SP Global.
Europa debe eliminar trabas e ideología para reforzar la inversión energética
El propio análisis de SP Global no apunta aún a una recesión, sino a una caída trimestral del PIB cercana al 0,1%, después de que el primer trimestre avanzara un 0,2%.
Aún no hay riesgo de recesión, pero los datos han dejado de describir una amenaza futura. Empiezan a mostrar un deterioro significativo con actividad en contracción, servicios debilitados, inflación repuntando y gobiernos más preocupados por limitar las libertades civiles que por llevar a cabo políticas que garanticen inversión, seguridad de suministro y solidez empresarial.
La guerra con Irán, como la de Ucrania, vuelve a ser el comodín que disfraza los desequilibrios estructurales de Europa, baja productividad, exceso regulatorio, rigideces laborales, dependencia energética e impuestos confiscatorios. Es el momento de llevar a cabo la desregulación y reducción de impuestos que pide todo el tejido empresarial.
Europa no puede escudarse de nuevo en un shock externo cuando tiene todos los ingredientes para crecer y fortalecerse, solo tiene que eliminar trabas a la inversión en energía y eliminar la ideología de la industria y el suministro energético.
