Un domingo para quedarse en casa
Poco duró el buen tiempo en Madrid. Volvieron el viento el frío y, de alguna manera, la normalidad de esos domingos de novilladas en Las Ventas en los que los tendidos presentan un cuarto de entrada.
En el ruedo, Jesús Romero y Pedro Andrés se presentaron en Madrid y, aunque Mariscal Ruiz ya hizo dos paseíllos con picadores el año pasado en esta plaza (y uno más sin caballos), el hecho de resultar herido en ambas ocasiones hacía que este día fuera especial, una oportunidad de cambiar su sino en Madrid. Al final, es lo que todos quieren.
Por eso Romero no se lo pensó dos veces y, tras comprobar la fijeza del primero en el capote, se fue de rodillas a los medios muleta en mano para ligarle una serie de derechazos, más intensa en su apuesta que poderosa en su concepción. Quizás por eso el de Sánchez Herrero fue un poco a su aire después, recto y derrotando arriba cuando ganó la acción, o más humillado y rítmico cuando, sobre todo al natural, el alcarreño lo llevó sometido. Al final, todo se quedó entre dos aguas, sin sensación de conjunto. Tampoco anduvo fino con la espada. El cuarto no tuvo fuerzas y, entre que al novillero le costó encontrar el tacto para obligar fin afligir y que el novillo apenas se trastabilló más que se desplazó, todo se quedó en un esfuerzo inocuo.
Fiel a su estirpe, Mariscal Ruiz banderilleó con suelta facilidad al segundo, un novillo que se movió despacio, más por su mermada condición física, que por noble bravura. La manera en que se trastabilló en la cadenciosa media del saludo del sevillano lo evidenció. Y esa condición se acentuó en la muleta, por mucho que Mariscal quiso ayudar al novillo en un inicio por alto. El viento también evitó el trato suave, excepto en dos buenos naturales aislados, y todo fue una lucha contra los elementos, por mucho que su propuesta tuviera buena intención.
Alegría, fijeza, obediencia y transmisión fueron virtudes que afloraron en la salida del tercero, la sensación de importancia en el ruedo, pero bajo el peto de Rafael Agudo se apagaron la esperanzas. Un castigo mal ejecutado, y además excesivo, desembocó en unas embestidas completamente distintas. Ahora sin clase, defensivas, como descoordinadas en la muleta de Pedro Andrés. El buen fondo del animal le hacían ir hacia adelante, pero conducir aquello con temple y pulso, que era la evidente intención del novillero alavés, fue casi misión imposible. Apostó entonces por recibir al sexto de larga cambiada de rodillas en los medios, para imprimir después algo de variedad con el capote, dada su buena condición. Sin embargo, el de López Gibaja perdió fuelle y recorrido en el último tercio. Fue entonces cuando el novillero tuvo que ponerlo todo, con firmeza y decisión, provocando los momentos más intensos y sinceros de la tarde. Tres derechazos fueron buenos de verdad, pero no tanto como para cambiar el sino de una tarde que se perdió en entre silencios y avisos.
FICHA DEL FESTEJO:
Domingo 12 de abril de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Cerca de un cuarto de entrada en tarde cubierta.
Novillos de Hnos. Sánchez Herrero y López Gibaja (4º y 6º), serios y bien hechos. 1º, a su aire; 2⁰, blando; 3º, buen fondo; 4º, sin fuerza; 5º, deslucido; y 6º, noble y a menos.
Jesús Romero, de blanco y plata, estocada ladeada, aviso y tres descabellos (silencio); y pinchazo, estocada que hizo guardia y descabello (silencio).
Mariscal Ruiz, de azul pavo y oro, delantera y aviso (silencio); y cuarro pinchazos, estocada y aviso (silencio).
Pedro Andrés, de negro y plata, dos pinchazos, aviso y dos descabellos (silencio); y estocada, aviso y dos descabellos (silencio).
Jesus Romero se presentó con "Princes", nº 8, mientras que Pedro Andrés hizo lo propio con "Mogón", nº 19.
