Sánchez visita China por cuarta vez en cuatro años: ¿Qué gana España?
La respuesta a la pregunta que plantea este artículo sería: sí y no. O, más bien, de momento no gran cosa, aunque el trajín viajero del presidente del Gobierno tiene potencial de dar sus frutos en algún momento aún incierto.
La primera visita de carácter oficial propiamente dicha de Pedro Sánchez a China, y la cuarta consecutiva desde 2023, tiene el mismo objetivo que todas las anteriores. Esto es, estrechar lazos con el régimen que preside Xi Jinping para lograr, fundamentalmente, dos cosas: aumentar las exportaciones españolas y lograr que las inversiones chinas en nuestro país dejen un poso tanto de transferencia tecnológica como de integración en las cadenas de valor locales que vaya más allá del simple ensamblaje de piezas.
Preguntado por LA RAZÓN sobre si realmente nos renta tanta atención a Pekín por parte del Gobierno, el investigador principal en Asia Oriental del Real Instituto Elcano responde lo siguiente: «Si la inversión sirve solo para esquivar aranceles, es menos atractiva y genera empleo de menor calidad. Lo importante es que venga acompañada de tecnología, de integración industrial y de mayor valor añadido local. Y, por ahora, tampoco hemos visto claramente que eso esté ocurriendo. Hay dudas serias al respecto».
Mario Esteban considera no obstante que toda esta actividad diplomática hay que verla como un proceso. «En comercio, de momento, no hemos visto que haya empezado a dar frutos. En inversión, en cambio, sí se están viendo cosas, aunque todavía haya que ver su recorrido y su verdadera profundidad».
En este sentido, este experto en asuntos chinos considera crucial cómo puede influir España, a través de esta estrategia, en la posición de la Unión Europea hacia China. Es decir, que si se ven resultados tangibles la Comisión podría empezar a ver con ojos más amables la apertura a un país que tanto España como Europa consideran un socio, un competidor y un rival. Todo a la vez.
El supuesto giro de Moncloa hacia China no es tan acusado en el fondo como en la forma. Recuerda Mario Esteban que todos los gobiernos anteriores, da igual si eran del PSOE o del PP, han mirado con igual simpatía a China. Otra cosa es el endurecimiento del vínculo de EE UU o de la Comisión Europea con el régimen de Pekín, que sí ha sufrido una mutación muy acusada. «No ha cambiado de manera sustancial el tono del Gobierno español respecto a etapas anteriores. La diferencia es otra: cuando los gobiernos del PP tenían un tono muy positivo con China, eso no resultaba controvertido internacionalmente. Hoy sí», asegura el investigador de Elcano en conversación telefónica.
Las atenciones del Gobierno español para Pekín siguen siendo una buena idea según Mario Esteban, aunque aún no se pueda decir que el retorno de la inversión haya sido nada reseñable. «Aquí hay una cuestión fundamental: para China, España no es un país prioritario. No lo es en absoluto. Entonces, si tú quieres avanzar en cosas con China, necesitas estar en su agenda. Y para estar en su agenda tienes que captar atención. Y eso lo consigues con interlocución al máximo nivel. Te permite seguir presente, no salir del radar», asegura.
Tras la visita de los Reyes a España en noviembre pasado, se logró desbloquear algún asunto menor. Pequeños resultados aún imperceptibles para la opinión pública que el Gobierno de Sánchez parece considerar suficientes para seguir en una línea que, en el plano político, le sigue sirviendo para presentarse como el gran antagonista de Trump en la comunidad internacional.
