Doce horas al borde del abismo con Irán: así se evitó un ataque devastador para acabar con "toda una civilización"
La tregua de dos semanas en Irán pactada entre Washington y Teherán se alcanzó poco antes de que terminara el ultimátum lanzado por el presidente Donald Trump. durante doce horas, el mundo vivió una tensa y angustiosa espera sin saber si EEUU lanzaría un ataque masivo contra objetivos civiles iraníes, haciendo uso de una bomba nuclear. El temor no era infundado. El presidente de Estados Unidos había lanzado una amenaza catastrofista sobre la destrucción total de Irán con ataques masivos a sus centrales eléctricas e infraestructuras civiles.
La cuenta atrás para el acuerdo en Oriente Próximo comenzó a primera hora de la mañana con el ataque americano sobre las instalaciones militares (no petroleras) en la estratégica isla de Jarg, puerto de salida del 90% del crudo iraní. Fue un golpe de presión sin cruzar la línea roja energética. El martes a las 8:06 de la mañana vino el mensaje más duro de Trump hasta la fecha: "Toda una civilización morirá esta noche". Este ultimátum fue recibido con indignación en algunas capitales europeas e incluso el Papa León XIV recriminó el carácter intolerable de la amenaza sin citar a Trump. En Washington, congresistas demócratas pedían la destitución del mandatario. "Es un demente desquiciado", defendía el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer.
El inquilino de la Casa Blanca había conseguido poner en juega, una vez más, la pelota del miedo y la intimidación, lo que algunos analistas llaman la "diplomacia del abismo". A partir de ese momento los contactos diplomáticos se intensificaron. Irán insistía en que no iba a aceptar un pacto temporal para el alto el fuego.
A mediodía Pakistán entró en escena públicamente. El primer ministro Shehbaz Sharif, y el jefe militar pakistaní, Field Marshal Asim Munir, llamaron de forma urgente a Trump para pedirle que detuviera los ataques y dar tiempo a la diplomacia, proponiendo una tregua de dos semanas a cambio de que Irán reabriera temporalmente Ormuz de forma "completa, inmediata y segura". Era una salida alternativa que ninguna de las dos partes había planteado hasta ese momento.
A medida que las horas transcurrían, la tensión en el golfo Pérsico no dejaba de crecer, con nuevos ataques iraníes a países vecinos, mientras bombardeos estadounidenses destruían puentes, estaciones de tren e infraestructuras (objetivos civiles) en Irán. Por su parte, las autoridades de Teherán ponían en marcha una gran movilización de su población para formar cadenas humanas en torno a centrales energéticas con el objetivo de plantar cara a posibles ataques estratégicos enemigos.
Aunque ninguna de las partes lo anunció públicamente, ya se comenzaba a perfilar un posible acuerdo para un alto el fuego limitado a cambio de la reapertura del estrecho de Ormuz, en cuyas inmediaciones esperan cientos de cargueros comerciales. Trump habló por teléfono con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y con los líderes pakistaníes para cerrar los detalles.
Junto a Pakistán, Egipto y Turquía actuaron como puentes diplomáticos clave. Mientras El Cairo presionaba para reabrir Ormuz y salvar el tráfico del Canal de Suez, Ankara legitimaba el plan de paz iraní para que Trump lo aceptara como una salida negociada.
Dos horas antes de que el plazo expirara, Trump seguía defendiendo públicamente la amenaza de aniquilar al pueblo iraní mientras en privado sus negociadores avanzaban los puntos más polémicos del pacto.
Diez horas y veintiséis minutos después de la amenaza que hizo temblar al mundo, a las 18:32, el presidente de Estados Unidos anunciaba al mundo el acuerdo con Teherán. En su mensaje en su red social Truth Social lo presentaba como una victoria de la Casa Blanca y auguraba el inicio de una "era dorada" en Oriente Próximo.
Irán había confirmado a los mediadores que aceptaba un acuerdo a través de su Consejo Supremo de Seguridad Nacional, aprobado por Alí Jamenei tras el supuesto apoyo de China, según algunas fuentes.
El documento de diez puntos incluye la reapertura de Ormuz con "control propio" iraní, y exige el reconocimiento del derecho de Teherán a enriquecer uranio, así como la retirada de todas las fuerzas estadounidenses de la región y el levantamiento de las sanciones económicas. También incluye el pago de reparaciones a Irán por los daños causados durante la guerra. Trump ha calificado el pacto como "una base viable para negociar" y ha saludado la pausa de dos semanas como "¡un gran día para la paz mundial!".
Para el régimen de los ayatolas también es una victoria parcial porque no solo se basa en su propio plan de 10 puntos sino que evita la destrucción masiva anunciada por EEUU.
El documento del alto el fuego no supone el final de la guerra. Las espadas siguen en alto. Israel ha aceptado una pausa en sus ataques contra Irán pero no contra Hezbolá en Líbano, donde los intercambios de disparos se mantienen durante la mañana de este miércoles. Medios israelíes aseguran que Netanyahu apoya la tregua con reservas mientras el líder de la oposición dice que "es un desastre para Israel". Algunas fuentes militares expresan incluso "preocupación" porque la tregua da a Irán tiempo para rearmarse y recuperarse.
Trita Parsi, del Quincy Institute, asegura en declaraciones a Al Jazeera que "Trump necesitaba una salida y la tomó". En la misma línea apuntan otros observadores internacionales. Seth Jones, experto en seguridad, asegura en la CNN que "nadie ha logrado sus objetivos", y habla de la tregua como un empate táctico en el que ninguna de las partes (EEUU, Irán e Israel) ha conseguido sus grande objetivos. Irán no se ha rendido. Las autoridades iraníes sobreviven (no hay cambio de régimen) y además mantienen intactos sus más de 400 kilos de uranio altamente enriquecido vitales para la producción de un arma nuclear.
Trump no ha impuesto una victoria clara, pero el presidente americano ha demostrado una vez más que su retórica intimidante da resultados. Mientras tanto los mercados respiran con alivio tras esquivar (aunque sea de manera temporal) una crisis energética que podría haber provocado una recesión mundial.
