Anne Hathaway y Meryl Streep conquistan Seúl: del top escultórico al traje rojo que confirma el duelo de estilo de la gira
La gira internacional de El diablo viste de Prada 2 sigue sumando paradas y momentos icónicos, y su llegada a Seúl no ha sido la excepción. Anne Hathaway y Meryl Streep han vuelto a desplegar dos formas completamente distintas de entender la moda en una premiere que confirma algo evidente: este tour no solo es cine, también es espectáculo estilístico.
Si en México y Tokio ya habían dejado claro su juego de contrastes, en Corea del Sur han refinado aún más ese diálogo entre tendencia y elegancia clásica, con dos looks que vuelven a enfrentarse… y a complementarse.
Anne Hathaway apuesta por el volumen escultórico y el contraste
Para esta premiere en Seúl, Anne Hathaway ha elegido un look que se aleja del brillo de lentejuelas que vimos en México para adentrarse en un terreno más arquitectónico.
La actriz ha apostado por un top palabra de honor con volumen escultórico en tono gris, una pieza con aire casi barroco que se convierte en el eje central del estilismo. Lo ha combinado con un pantalón de piel negro de tiro alto, creando un contraste muy marcado entre lo estructural y lo minimalista.
El resultado es un look sofisticado, moderno y con un punto de riesgo que encaja perfectamente con esa evolución estilística que está mostrando a lo largo de la gira.
Meryl Streep reafirma su elegancia con el traje rojo que ya es su sello
Frente a la propuesta de Hathaway, Meryl Streep vuelve a apostar por una fórmula que domina a la perfección: el traje sastre. En esta ocasión, lo hace en un rojo vibrante, con blazer estructurada cruzada y pantalón recto, ceñido a la cintura con cinturón. Un conjunto que transmite seguridad, elegancia y coherencia con su estilo.
Lejos de ser una elección previsible, el traje se convierte en una declaración de intenciones: menos tendencia, más identidad.
De México a Tokio: una gira marcada por el contraste
Uno de los grandes aciertos de esta gira está siendo la construcción de un relato de moda coherente en cada ciudad. En México, Anne Hathaway apostaba por el impacto con su mini vestido de lentejuelas de Stella McCartney, mientras que Meryl Streep defendía la elegancia atemporal con su vestido camisero de Schiaparelli.
En Tokio, el discurso evolucionaba hacia la alta costura y el juego de volúmenes: Hathaway deslumbraba con un diseño de Valentino, mientras Streep optaba por un conjunto de Matthew Blazy para Chanel con guiños más artísticos.
Seúl confirma el pulso estilístico de la gira
La parada en Seúl no hace más que reforzar ese pulso constante entre dos maneras de entender la moda. Anne Hathaway representa la tendencia, el riesgo y la construcción de looks que buscan impacto visual. Meryl Streep, en cambio, apuesta por la permanencia, la elegancia y la fuerza de lo clásico.
Dos estilos opuestos que, lejos de competir, se complementan y elevan cada aparición conjunta. Porque si algo está dejando claro esta gira es que El diablo viste de Prada sigue marcando tendencia… también fuera de la pantalla.
