Un frágil nido como metáfora: mientras todo se tambalea, ¿qué estamos protegiendo?
Finalmente, logramos aquellos anhelados días de descanso cerca del mar. La fuerza del viento se percibía aún más desde aquella alta colina frente a la costa del Pacífico.
Llamó mi atención un pájaro que se acercó hacia mí. Era un “pecho amarillo”, con sus franjas blancas y negras en la cabeza y sus alas de color pardo. Su fuerte canto despertó mi curiosidad. Abrí el balcón y observé a muy poca distancia un pequeño nido tejido con raíces y fibras vegetales.
Logré divisarlo, pues el arbusto había perdido sus hojas. Había entrado ya el verano. El viento mecía aquella frágil estructura de un lado al otro. Aquella inestabilidad me estremeció. El ave merodeaba y estaba atenta a su nido
Pensaba para mis adentros en la inseguridad que experimentamos. En los conflictos bélicos que atraviesa el mundo. Desequilibrio, agitación y turbulencia refieren a una falta de firmeza y solidez. A una falta de ideales elevados.
La muerte colectiva es una noticia a la que nos estamos acostumbrando. Debemos juzgar a una sociedad por el modo como trata a los más débiles y vulnerables.
Dos grandes enemigos tiene la medicina: la enfermedad y la muerte. Y la humanidad las está padeciendo brutalmente. Padece de una salud ya no física, sino ética y espiritual.
¿Qué sociedades estamos construyendo? La historia nos habla: en los últimos 5.500 años se han producido 14.513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y no han dejado sino 292 años de paz (Enciclopedia Mundial de las Relaciones Internacionales y Naciones Unidas).
La historia también nos ha demostrado que el equilibrio de algunos países se ha debido a que han sabido preservar su cultura, sus raíces. Pero las guerras siguen desdibujando estos contornos.
Aquel nido me hizo reflexionar acerca de la necesidad que tenemos de protección y adaptación. De resistencia, resiliencia ante la adversidad, tantas veces inevitable. Reflexionar sobre la necesidad que tenemos de vínculos y de cuidados. En nuestra familia, amistades y relaciones. ¿Qué protegemos y qué cuidamos? ¿Qué certezas fortalecen nuestra vida?
Nuestro país debe seguir la ruta de la educación para saber adónde dirigirse y crear un futuro mejor. Para que sus ciudadanos superen sus limitaciones y accedan a nuevas oportunidades. Para pasar del conocimiento al pensamiento. Al desarrollo de criterio y propósito. Requerimos introducir en el aula familiar y escolar el esfuerzo y la constancia. Una educación que exija ética y responsabilidad.
Comprendí por qué aquella ave había colocado su nido a tal altura. Quería defender a sus crías de los depredadores. Aquellos eran más peligrosos que las inclemencias del tiempo. Pronto vendrían las alas que les permitirían elevarse. Que les darían libertad. Fortalezcamos las alas de nuestros hijos. Ellos las tienen, pero tienen que descubrirlas por sí mismos, y para descubrirlas, tienen que saber quiénes son. Tienen que saberse amados y cuidados. Así podrán tener el valor de abrirlas y de abrirse a nuevos horizontes.
Prestémosles toda la atención posible. Ya decía la filósofa Simone Weil: “Amar es tanto como estar atento”. Dime a qué estás atento y te diré qué amas.
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Helena Fonseca Ospina es administradora de negocios.
