Profundizar el cambio en Colombia está en las manos de Iván Cepeda
Menos de dos meses de distancia de las próximas elecciones presidenciales en Colombia explican por qué los comicios pautados para el domingo 31 de mayo acaparan desde hace semanas la atención dentro y fuera del país.
Sin embargo, la cercanía del acontecimiento no lo es todo. En pleno desarrollo de la campaña proselitista, todavía con ajustes de candidaturas y posibles nuevas alianzas, lo descollante del próximo encuentro con las urnas es que en él se dirimirá si la nación continúa transitando el camino iniciado por el Pacto Histórico con Gustavo Petro al frente o si los rumbos de Colombia tuercen a los senderos de la extrema derecha, como anuncian los dos candidatos a quienes las encuestas sitúan detrás del aspirante por la coalición del cambio… O, más bien, candidato de la continuidad de las transformaciones.
Incluso, la emergencia de la figura de Iván Cepeda como ese líder del progresismo colombiano para alcanzar la presidencia, si bien no es una sorpresa, resultó de cierto modo inesperada y dibuja uno de los matices que colorean distinto esta elección.
Con estudios de Filosofía y máster en Derechos Humanos, Cepeda ha sido representante en la cámara, primero, y luego senador en dos ocasiones por el Polo Patriótico Alternativo, que se unió desde 2025 al Pacto Histórico. Ello le otorga una hoja de vida política enjundiosa pero sin estridencias; con una constancia a favor de la justicia y contra la violencia que le han ganado mérito y prestigio, avalados por su rol como facilitador de los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, entre el ejecutivo y el ELN, y más tarde, en el proceso para la desmovilización del denominado Clan del Golfo emprendido por Petro. También ha fungido como copresidente de las comisiones de paz de la Cámara de Representantes y del Senado.
Igualmente, lo ha visibilizado como adversario del paramilitarismo y de las falsas salidas militaristas al conflicto armado colombiano, su puja legal con el expresidente Álvaro Uribe, quien lo demandó por difamación cuando en el año 2012, Iván Cepeda presentó testimonios ante el Congreso que daban cuenta de la participación del expresidente en la creación de los grupos paramilitares.
Pero la Corte Suprema desestimó las acusaciones contra Cepeda y abrió una investigación contra Uribe, proceso por el cual este debió renunciar al Senado en 2020, un proceso que con ires y venires se extendió hasta julio pasado, cuando los tribunales condenaron al exmandatario a 12 años de arresto domiciliario por soborno de testigos y fraude procesal, pese a lo cual el Tribunal Superior de Bogotá ordenó su libertad un mes después.
Pero el escándalo dejó ver mejor la firmeza y rectitud del senador por el Pacto Histórico.
Con un discurso de campaña coherente con su ejemplo de vida a favor de la ética, contra la corrupción y la llamada parapolítica, su posición en la popularidad que miden las encuestas lo mantiene como puntero, con amplios puntos de diferencia sobre sus seguidores gracias a pequeños pasos de crecimiento, aunque todavía lejos de la mayoría absoluta en primera ronda… según los sondeos.
Treinta y cinco puntos porcentuales y siete décimas con un incremento reciente de 1,1 por ciento —según el ranking del equipo de análisis del sitio web La Silla Vacía, que compendia y pondera los resultados de los distintos estudios de opinión realizados en el país—, mantienen a Cepeda delante con amplia ventaja sobre el también abogado y empresario derechista Abelardo de la Espriella, fundador del movimiento Defensores de la Patria, calificado de ultraderechista, con 20,08 por ciento y una baja de 0,4.
En tercer puesto, con 17,7 de intenciones de voto, va Paloma Valencia, del también ultraderechista partido Centro Democrático, fundado por Uribe: la agrupación de la reacción y el conservadurismo con cara más conocida en el abanico político nacional, porque estuvo dos veces en el gobierno; en la última ocasión representada por Iván Duque.
Detrás se ubica el voto en blanco, que se presume en 7,4 por ciento, al que le siguen en orden descendente otros diez candidatos.
Sobre Cepeda planea el peligro de todas las segundas vueltas cuando, como es el caso, los estudios de opinión no auguran que el candidato que seguiría profundizando el cambio pudiera obtener mayoría absoluta en la primera ronda electoral. Ese peligro es que los partidos de derecha se unan contra su figura en torno al mejor puntuado entre ellos y desbanquen la posibilidad del progresismo.
Dando por sentado que el candidato del Pacto no será destronado del primer lugar, algunos sondeos afirmaban hace unos días que si el balotaje fuera entre él y De la Espriella, Cepeda se impone. Pero si la contrincante en la segunda vuelta es la representante del uribismo, podría declararse un empate técnico.
Todavía es temprano para aventurarse en pronósticos absolutos; además que es conocido cuánto pudieran influir en los resultados campañas mediáticas mal intencionadas, o declaraciones injerencistas desde otros lares que buscaran torcer el favor de los electores.
No obstante, el camino transitado con el Pacto en el periodo que concluye parece haber dejado sabores positivos en una parte importante del electorado pese al trabajo entorpecedor y retardatario de la derecha en el Congreso, buscando obstaculizar el cumplimiento del programa anunciado por Gustavo Petro, que ha estado centrado en la paz total… pero poniendo ojo y brazo en disminuir la injusticia social de modo que los sojuzgados por el hambre de trabajo, y a falta de propiedad de las tierras y cultivos alternativos, no siguieran engrosando las redes dedicadas al narcotráfico o la delincuencia.
La muestra de esa satisfacción en sectores sociales colombianos fueron las elecciones legislativas celebradas a principios de marzo, cuando los aspirantes por el Pacto Histórico lograron votos que dieron a la agrupación la mayoría en el Senado y la dejaron como segunda fuerza en la Cámara.
Además de evaluarse como balón de ensayo de cara a las presidenciales, esos resultados también ofrecen piso más sólido a Cepeda para llevar adelante un eventual gobierno, si finalmente el electorado le otorga la presidencia.
Las alianzas en torno al aspirante del Pacto Histórico ya empiezan a darse. Hace apenas unos días se supo que la hoy senadora, exministra del Trabajo y exalcaldesa de Bogotá, Clara López, renunciará, dijo, a su aspiración presidencial por el partido Esperanza Democrática para darle el respaldo a Cepeda, y evitar que la izquierda vaya dividida a la primera vuelta: una actitud loable que refuerza al aspirante por el Pacto, pese al escaso puntaje que las encuestas otorgan a López.
Esperemos que en el tiempo que resta hasta la votación, la candidatura de Iván Cepeda se consolide y el Pacto Histórico pueda concluir el proceso a favor de la paz y la justicia social que inició con Petro.
