África y los crímenes que no prescriben en la memoria histórica
Uno de los temas historiográficos que más atención demanda a las actuales generaciones de científicos sociales e historiadores es el concerniente a la trata africana que se fomentó durante los primeros siglos de la colonización europea en el continente americano.
Si bien se ha podido contextualizar este proceso gracias a la aplicación de metodologías interdisciplinarias —en lo que respecta al impacto demográfico, los niveles de mortalidad durante la travesía, los grupos étnicos afectados y los mecanismos del pérfido comercio triangular—, en obras de admirable valor editorial y científico como la Historia general de África auspiciada por la Unesco; se debatió en días recientes una resolución de las Naciones Unidas, impulsada por la voluntad de buena parte de la comunidad internacional de develar cuánto repercutieron los siglos del tráfico de personas esclavizadas en el desarrollo futuro de las sociedades y naciones postcoloniales.
En efecto, el pasado 25 de marzo se discutió en la Asamblea General de la ONU el proyecto de resolución Declaración sobre la Calificación de la Trata de Africanos Esclavizados y la Esclavitud Racionalizada de Africanos como el Crimen de Lesa Humanidad más Grave (Undotea, por sus siglas en inglés) que, a propuesta de la República de Ghana, plasmó toda la sangría demográfica y sufrimiento humano que conllevó para los pueblos africanos la trata transatlántica. Resultó significativo que el cónclave se haya convocado en la fecha constituida desde 2007 por Naciones Unidas como la Jornada internacional de conmemoración de la abolición de la esclavitud y la trata transatlántica de esclavos, y que la propuesta la haya emitido la nación líder en el ámbito de la Unión Africana en materia de resarcimiento histórico y memoria colectiva sobre la herencia de la esclavitud.
Otro organismo regional que también aportó su respaldo pleno a la Declaración fue Caricom, representado en la reunión de alto nivel por la delegación de Trinidad y Tobago. Además de los desafíos migratorios, medioambientales y sociopolíticos, los pueblos caribeños han compartido una historia común vinculada a la trata esclavista y la discriminación racial.
Pese al desentendimiento histórico y cálculo geopolítico de las antiguas metrópolis coloniales, la Undotea recibió el respaldo mayoritario de 123 naciones. Aunque no posee carácter vinculante, esta votación positiva evidenció cuánto se requiere trabajar para esclarecer la verdad histórica sobre la trata transatlántica y apostar por las vías de resarcimiento para los descendientes de los millones de sujetos esclavizados.
De acuerdo a criterios previos aportados por el ministro de Relaciones Exteriores de Ghana Samuel Okudzeto Ablakwa, la Declaración, más que exigir reclamaciones financieras, instaba a viabilizar las reparaciones históricas en los pueblos que fueron víctimas de la trata transatlántica, cuyo saldo en pérdidas humanas se estima entre 15 y 20 millones de individuos.
Ante el increíble argumento esgrimido por el representante estadounidense Dan Negrea que la propuesta de resolución pretendía establecer «jerarquías del sufrimiento humano», la delegación ghanesa puso en evidencia el carácter atroz y sistemático de la práctica del tráfico de esclavos extendida por más de 300 años.
Lejos de haber sido impulsada desde una perspectiva victimista o promotora de la venganza histórica, la Declaración sobre la Calificación de la Trata de Africanos Esclavizados y la Esclavitud Racionalizada de Africanos es un referente ético, normativo y jurídico para combatir las ominosas desigualdades sociales que continúan padeciendo los pueblos subdesarrollados.
