Cada Lunes Santo, Andrea tiene una cita en la ermita de San Roque, en el Casco Antiguo de Alicante, Allí, salvo que la lluvia lo impida, se convierte año tras año en los "pies" del Despojado. Al día siguiente, Gabriela procesiona con el Cristo de las Penas, en una tradición a la que la inició su padre. El miércoles, Julio hace lo propio con la imagen más antigua de la Semana Santa alicantina: la de la Marinera. Al igual que Antonio, que lleva más de tres décadas recorriendo las calles de Alicante el Jueves Santo con la Hermandad de la Santa Cena, de la que es hermano mayor. Una pasión de Interés Turístico Nacional desde 2022, en la que los cofrades depositan no solo su devoción y su entrega, sino también su inversión: participar en una procesión puede costar más de 200 euros.