Banco Santander tranquiliza a sus clientes por la guerra de Irán: “no habrá crisis energética”
- Más oferta y menor dependencia: las claves del nuevo escenario
- El petróleo sube, pero por miedo, no por falta de oferta
- Un shock distinto al de Ucrania
- Los mercados miran al corto plazo
- Inflación al alza, pero sin espiral
- Volatilidad sin deterioro económico
- El factor clave: la duración del conflicto
- Estrategia: prudencia y diversificación
La entidad considera que el actual encarecimiento responde a riesgos geopolíticos de corto plazo y no a una ruptura estructural del suministro, lo que aleja el escenario de una crisis prolongada como la provocada por la invasión rusa de Ucrania.
Más oferta y menor dependencia: las claves del nuevo escenario
En su último informe de mercado, la entidad subraya que la situación energética actual es “muy diferente” a la de 2022.
Entonces, Europa dependía en gran medida del gas ruso —hasta un 40% del consumo— y las sanciones provocaron una disrupción severa del suministro. Hoy, en cambio, el contexto es otro.
Europa ha avanzado en la diversificación de fuentes energéticas, con mayor peso del gas natural licuado (GNL), especialmente procedente de Estados Unidos.
A ello se suma una normalización de la producción nuclear, especialmente en Francia, y un incremento sostenido de las energías renovables. Este cambio reduce la vulnerabilidad del sistema energético europeo.
El banco destaca además que los flujos de gas que pasan por el Estrecho de Ormuz representan apenas el 4% del consumo europeo, lo que limita el impacto directo de una posible interrupción en esta vía estratégica.
El petróleo sube, pero por miedo, no por falta de oferta
La escalada de precios del crudo ha sido uno de los principales focos de preocupación desde el inicio del conflicto con Irán. Sin embargo, Santander insiste en que el encarecimiento responde más a una “prima de riesgo geopolítico” que a un problema real de escasez.
En otro de los correos enviados a sus clientes, la entidad explicaba que el Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial— está “cerrado de facto desde el punto de vista operativo” por precaución de las navieras, lo que ha disparado los precios.
El Brent llegó a superar los 105 dólares por barril y el gas europeo se situó en torno a los 64 €/MWh.
No obstante, el banco insiste en que el mercado partía de una situación equilibrada, con suficiente oferta y capacidad adicional por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para aumentar la producción si fuese necesario.
Por ello, el nivel actual incorpora una prima adicional de entre 30 y 40 dólares por barril vinculada a la incertidumbre, que podría corregirse si la tensión disminuye.
Un shock distinto al de Ucrania
La comparación con la guerra de Ucrania es constante en los análisis de la entidad. Y la conclusión es clara: no estamos ante un shock estructural de oferta.
En 2022, Rusia era un actor clave en el suministro energético global y, sobre todo, europeo. Su peso en el gas consumido en Europa alcanzaba el 35%-40%. En cambio, Irán representa apenas un 1% del petróleo mundial y un 0,4% del gas, y no es un proveedor relevante para Europa o Estados Unidos.
Esto implica que, salvo una escalada regional de gran magnitud o un bloqueo prolongado del Estrecho de Ormuz, el impacto sobre el suministro global será limitado y temporal.
Los mercados miran al corto plazo
El análisis de la curva de futuros del petróleo refuerza esta idea. Según el informe, los inversores sí han incorporado un aumento del riesgo, pero no esperan un cambio estructural en la oferta.
A diferencia de lo ocurrido tras la invasión de Ucrania, cuando los precios subieron con fuerza incluso a varios años vista, ahora el movimiento es más contenido. Esto sugiere que el mercado anticipa tensiones en el corto plazo, pero no un problema persistente.
Inflación al alza, pero sin espiral
El encarecimiento de la energía sí tendrá efectos sobre los precios. El Banco Central Europeo (BCE) ha revisado sus previsiones y espera una inflación del 2,6% en 2026, frente al 1,9% anterior, mientras que el crecimiento se moderará hasta el 0,9%.
Sin embargo, Santander subraya que no se anticipan efectos inflacionistas de segunda ronda, es decir, una espiral de subidas de precios sostenida en el tiempo. El impacto se limitaría a un ajuste puntual derivado de la energía.
Volatilidad sin deterioro económico
Los correos enviados a clientes insisten en esta idea. Desde finales de febrero, el conflicto ha generado volatilidad en los mercados, con subidas de la energía y de las expectativas de inflación, pero sin deterioro de la economía ni de los beneficios empresariales.
“El petróleo ha subido más por la incertidumbre geopolítica que por una falta real de oferta”, explica la entidad en otra comunicación. En paralelo, los mercados de renta fija han ajustado sus precios ante la expectativa de tipos de interés más altos, mientras que la bolsa ha alternado caídas con episodios de recuperación.
El Stoxx Europe 600 ha retrocedido un 5,6% en marzo, frente a una caída más moderada del 2,61% en el S&P 500, en un contexto en el que los resultados empresariales siguen siendo sólidos.
El factor clave: la duración del conflicto
Para Santander, la clave no está tanto en la intensidad del conflicto como en su duración. Si el tránsito por el Estrecho de Ormuz se normaliza en semanas, el impacto económico será limitado y la prima de riesgo del petróleo tenderá a desaparecer.
En cambio, una prolongación de la tensión podría mantener la presión sobre los precios energéticos y aumentar la volatilidad. Aun así, la entidad insiste en que el escenario central sigue siendo de crecimiento económico.
Estrategia: prudencia y diversificación
En este entorno, el banco ha optado por un posicionamiento más defensivo, con menor exposición al riesgo y mayor flexibilidad en las carteras. La estrategia pasa por diversificar inversiones, reducir duración en renta fija y mantener activos refugio como el oro.
“La volatilidad puede aumentar, pero no implica un cambio estructural del ciclo económico”, resume la entidad.
