A veces podemos afirmar que demasiados elogios no son tan buenos, pero con
Joan Garcia tendría que haber una excepción. Vaya porterazo fichó el
Barça el pasado verano. Un precio de 25 millones, un rendimiento espectacular y una calidad humana increíble para representar al club de la mejor manera posible lejos de los terrenos de juego. Tanto es así que estoy seguro de que la afición del Espanyol acabará olvidando algún día el tema del traspaso por el gran respeto que mostró desde el primer momento el guardameta de
Sallent. Sí, desde el primer momento cuando el bueno de
Joan se refugió en sus vacaciones en pleno mercado para respetar los tiempos, aguantando en silencio todas las críticas sin perder la paciencia. Su objetivo era evitar como sea un impacto muy sonado, cuando otro jugador podía haber aprovechado perfectamente una publicidad mundial. Lo que hizo
Joan en verano fue dejar un espacio de tiempo vacío para hacer ver a todo el mundo que su simple objetivo era el de dar un paso importante en su carrera, sin renegar en ningún momento de su pasado espanyolista. Y así fue.
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