Crítica de "Proyecto Salvación": el héroe del fin del mundo ★ y 1/2
Tal vez es justo lo que necesitamos: un héroe que, en plena vena martirológica, sea capaz de crucificarse, aunque sea en el espacio exterior, para salvar el mundo. El título original (ese “Hail Mary”) deja más clara la filiación religiosa de la empresa, por lo que esta fábula de ciencia-ficción apocalíptica, que anuncia nuestra destrucción a medida que el Sol se apaga, se alinea con los soliloquios existencialistas de “Naves silenciosas” o “Moon” para arrepentirse al poco tiempo convirtiéndose en una ‘buddy movie’ al uso, esta vez con un extraterrestre de piedra que suda tinta para despertar las simpatías del espectador. Para cada Robinson Crusoe, siempre hay un Viernes, parecen decirnos los directores de “La LEGO Película”.
Sin embargo, uno de los mayores problemas de “Proyecto Salvación” es que se esfuerza demasiado en no dejar solo a su protagonista: aunque ese es su destino natural, la estructura narrativa del filme intercala flashbacks en su viaje hacia una estrella en los confines de la galaxia para contextualizar su misión y animar la fiesta, aunque la severa científica que interpreta Sandra Hüller -a quien se le da la oportunidad de repetir la escena del karaoke de “Toni Erdmann”, esta vez con Harry Styles como víctima, para demostrar que también es humana- no es precisamente la alegría de la huerta. Pronto nos daremos cuenta de que esos esfuerzos, y el co-protagonismo del alienígena ‘cute’, tienen en realidad una agenda oculta: enmascarar los vergonzosos agujeros de guion de la trama, que no duda en convertir en un periquete a un científico sin experiencia en pilotar naves gigantescas en un Han Solo que desafía el peso metafísico de la gravedad. Al final, lo único que importa es el carisma estelar de Ryan Gosling, inasequible a la erosión de esas bacterias de la luz llamadas astrofagos. El Ken de “Barbie”, que no es ajeno al espacio exterior (fue Neil Armstrong en la subestimada “First Man”), puede soportar sobre sus hombros incluso la empresa más imposible: convertirse en ese Jesucristo pop capaz de impartir clase incluso entre piedras que levantan la mano, entusiasmadas.
Lo mejor: El imperturbable carisma de Gosling sostiene lo insostenible.
Lo peor: Su insoportables dos horas y media de metraje, hinchadas hasta lo inverosímil.
