Por qué se dice “quien no estrena en Domingo de Ramos se queda sin pies y manos”
Con la Semana Santa cada vez más cerca, muchísimas ciudades españolas se preparan para uno de sus días más esperados, el Domingo de Ramos.
Las procesiones, los palcos llenos de devotos, el olor a incienso y un ambiente único en las calles traen también de vuelta uno de los refranes más dichos en estas fechas:
“Domingo de Ramos, quien no estrena se queda sin pies ni manos”. Una frase que conocemos casi todos, pero ¿de dónde viene y qué significa realmente?
Este dicho está relacionado con una antigua costumbre muy extendida en nuestro país: estrenar alguna prenda de ropa ese día como símbolo de renovación. Tradicionalmente, vestir algo nuevo en Domingo de Ramos representaba dejar atrás el pasado y dar la bienvenida a una nueva etapa, tanto en lo material como en lo espiritual.
En muchas familias, especialmente en Andalucía, la tradición sigue tan presente que todavía hay quienes se reservan algo de ropa, un zapato o bisutería para estrenarlo específicamente este día.
Qué significa "sin manos"
Aunque se desconoce con exactitud el origen de este dicho, se remontaría a épocas muy lejanas. El refrán hace referencia a las manos, en el sentido de que se consideraba alguien pobre para estrenar si no tenía trabajo y no le "daba uso" a esas manos.
Otra lectura apunta a la habilidad para la costura, pues antiguamente las clases populares no tenían más remedio que confeccionar sus propias prendas para vestir los días de fiesta, una tarea que recaía siempre en las mujeres de la casa.
Un refrán ligado al cambio de estación
El Domingo de Ramos, un día de felicidad y celebración, marca el inicio de la Semana Santa, recordando la entrada de Jesucristo en Jerusalén.
Además de su valor religioso, la fecha coincide con la llegada de la primavera, un momento en el que históricamente también se aprovechaba para dejar atrás la ropa de invierno y lucir prendas nuevas.
Por eso, más allá del refrán, estrenar en Domingo de Ramos se convirtió en una forma de celebrar el cambio de etapa, algo que en muchas casas todavía se mantiene como pequeño ritual de buena suerte.
