La política del «zombi»
Si este país ya parece acostumbrado a cualquier dislate, lo cierto es que Pedro Sánchez nunca deja de sorprender. Con total impostura, desprecio absoluto a los Presupuestos del Estado que lleva cuatro años sin la obligación constitucional de presentarlos y el rostro embadurnado de un pintoresco maquillaje, fruto del nuevo equipo estético contratado por La Moncloa, el presidente del Gobierno aguantó el numerito de sus cinco ministros de Sumar, cuyo plante habría provocado su inmediato cese en un país democrático. Lejos de ello, Sánchez comparece sin rubor con ojos delineados, tez bronceada y pómulos de relleno para justificar tal actitud vergonzante como prueba de fortaleza de la coalición socialcomunista y acusa a los periodistas de preocuparse por el «salseo». O sea, los informadores viven instalados en el chisme y cotilleo barato, frente a los grandes desafíos y medidas adoptadas por el gran salvador de España. Realmente patético.
El plantón de Sumar, sin precedentes en el seno de un Ejecutivo de la Nación, es puro teatro para disfrazar su batacazo electoral. El desdén del presidente ante la ausencia de presupuestos por la crisis mundial de la guerra no se sostiene, dado que el resto de los gobiernos aliados, inmersos en el mismo conflicto bélico, sí han presentado sus cuentas públicas.
Lo ha dicho muy bien el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, tras asistir en Bruselas a la Cumbre del Partido Popular Europeo: «España tiene un Gobierno zombi». Un presidente agonizante, autómata, con una política destructiva de enfrentamiento sobre una legislatura muerta que intenta resucitar a golpe de decreto y medidas trampa sin apoyos. «Hay un Gobierno que “okupa” el gobierno, pero no gobierna». Dura acusación de Feijóo ante los dirigentes europeos que destruye la falacia del «No a la guerra» y reivindica la paz por convicción democrática, no por el oportunismo personal de Pedro Sánchez para mantenerse en el poder a toda costa. En la capital comunitaria Núñez Feijóo percibió gran preocupación en la UE por la deriva del Gobierno español que recibe felicitaciones y aplausos de grupos terroristas como Hamás y Hezbolá.
Según fuentes del Partido Popular, en la Unión opinan que Sánchez es un obstáculo para la firmeza y unidad de Europa frente a las tiranías. «Un fallo multiorgánico al no presentar presupuestos, un Gobierno zombi y un presidente narcisista que no se merece España», sentencian los populares.
Como prueba de este estilo alejado de la realidad y obsesionado únicamente por su propia supervivencia, Pedro Sánchez se monta un fin de semana de lujo en el Valle de Arán con su señora, la imputada Begoña, y lo exhibe en su TikTok. El presidente es un apasionado del Pirineo catalán, se aloja en el Parador de Vielha a costa del contribuyente y frecuenta los restaurantes más exquisitos de la zona para «cargar pilas» y practicar el ciclismo de montaña. No es la primera vez que da rienda a sus gustos elitistas, pues el mes pasado estuvo en Arties, en el local de la cadena pública de Paradores de Turismo que dirige otra enchufada del PSC, la ex ministra de Transportes, Raquel Sánchez, sucesora del titular de Transformación Digital y líder del socialismo madrileño, Óscar López. Todo queda en familia y el clan de los amiguetes enchufados en la esencia del «sanchismo».
Frente a esa guerra mundial que tanto rechaza y la enorme crisis que asfixia a los españoles, el autócrata se desliza por las pistas nevadas del Pirineo y se da un baño de lujo sin importarle nada que no sea el mismo.
En el escenario político jugada maestra de Juan Manuel Moreno Bonilla al adelantar las elecciones andaluzas al 17 de mayo. Una decisión que ha pillado con el pie cambiado a Pedro Sánchez, y no digamos a su candidata María Jesús Montero, que deberá dejar su puesto como vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda. «Juanma le gana al zombi», dicen con sorna dirigentes del PP convencidos de que Andalucía es ya la puerta definitiva del cambio a nivel nacional.
Según todas las encuestas Montero va camino del cadalso con el resultado más estrepitoso que se recuerda en esta tierra, tradicional granero de voto socialista. El adelanto electoral, magistralmente manejado por Moreno Bonilla, impide a Sánchez hacer lo propio con las generales en un superdomingo y le fuerza a un ajuste ministerial. Los nervios en Moncloa son evidentes y la reacción de «Marisú» alegando que Juanma Moreno anticipa los comicios «porque teme el repunte del PSOE» provoca risa.
Si además, como vaticinan los sondeos, Vox puede sacarle ventaja en varias provincias andaluzas la Montero pasará a la historia como la candidata más abrasada por Pedro Sánchez. Algo que al gran jefe le importará un bledo mientras él permanezca en su poltrona monclovita.
Hace unos días un grupo de dirigentes regionales socialistas se reunieron con varios diputados en un restaurante próximo al Congreso. Sobre la mesa, los batacazos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Subyace preocupación por la situación del partido, de fracaso en fracaso. Pedro Sánchez, perdedor en todos los comicios, está llevando al PSOE a sus mínimos históricos y las costuras de la organización empiezan a romperse. La debacle que vienen sufriendo agrieta la ausencia de autocrítica y el culto al líder.
«La sangría irá en aumento», advierten estos dirigentes ante el desgaste de Sánchez, cada vez más aislado. Su obsesión por mantenerse en el poder a toda costa y su soledad en la escena internacional son palpables. A ello se añade el calvario judicial que se avecina a partir de abril con los procesos a José Luis Ábalos, Koldo, su esposa Begoña y la posible «bomba» de Aldama con sus pruebas entregadas al juez sobre una presunta financiación irregular del PSOE. El «sanchismo» empieza a hacer aguas y Juanma Moreno en Andalucía será el escape definitivo.
