Sánchez busca un enemigo interno (PP/Vox) para hacer caja con la guerra
Pedro Sánchez ha acudido al Congreso a alimentar la guerra (interna), no a informar sobre la guerra (de Irán). El presidente no centró su intervención en la estrategia de España, sino en fortalecer al enemigo doméstico sobre el que sostiene su figura política. Esta vez le tocaba al PP y al recuerdo de José María Aznar, no por previsible, menos efectista (o así lo creen sus consejeros áulicos). Convertir el debate exterior en un choque interno no es casual porque cuando un Gobierno (descoyuntado y en modo electoral) necesita ganar tiempo, lo más fácil es busca un enemigo político claro. Y Sánchez vuelve a elegir a Aznar como anclaje para ordenar su corral.
Así, en lugar de explicar con precisión qué hará España, el presidente trasladó la discusión al terreno ideológico porque su referencia a la guerra de Irak funciona como mecanismo de polarización y le permite dividir el hemiciclo entre quienes “estuvieron con la guerra” y quienes ni antes ni ahora lo están (ÉL). Una vez más, se nos priva del necesario debate técnico o estratégico para someternos solamente al ruido político e identitario.
La estrategia de Sánchez tiene otra derivada. Al centrar el discurso en Aznar, el presidente desplaza el foco del papel actual de España. Quedan en segundo plano cuestiones clave como el uso de las bases, el grado de implicación militar, nuestra posición diplomática. El enemigo interno sustituye a las reflexiones estratégicas. Es una forma de controlar la conversación política cuando el terreno resulta incierto.
Este tipo de discursos, que tan bien domina el presidente, mandan en los momentos de fragilidad parlamentaria, como el que padece Sánchez desde que comenzó esta Legislatura, y que se ha visto agravado ahora por la presión electoral. Mientras los socios de coalición apenas se hablan, o no se fían entre ellos, y cada aliado parlamentario piensa más en sus resultados electorales que en la gestión conjunta, Sánchez se convierte en el demiurgo de la polarización a ver si de ahí consigue generar cierta ficción de cohesión con los suyos, La guerra exterior la ha mudado en un instrumento de política doméstica bajo la manipulación partidista.
La consecuencia ha sido otra sesión parlamentaria más en clave ideológica, no informativa. Un Congreso convertido en cortijo de los partidos. Hoy, sobre todo, del presidente del Gobierno, que como máxima aportación geopolítica ha dejado este eslogan de facturación monclovita (a cargo de recursos públicos). "Han contribuido con su apoyo y su silencio al desastre absoluto de la guerra de Irán". Este poder lo coloca en manos de PP y Vox. Que se apaguen los focos y se bajen los micrófonos.
