¿Desescalada o estrategia? Las dudas tras el giro de Trump sobre la guerra en Medio Oriente
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló el pasado viernes 20 de marzo que estaba considerando “reducir” la intensidad de la guerra, pero apenas un día después endureció su discurso al dar un ultimátum de 48 horas para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz, amenazando con atacar y arrasar infraestructura energética clave si no se cumplía la exigencia.
Sin embargo, al cumplirse ese plazo el propio mandatario sorprendió al anunciar una postergación de cinco días en los ataques, argumentando la existencia de “conversaciones productivas”, lo que inmediatamente abrió dudas sobre si estamos frente a un proceso real de negociación o más bien ante una estrategia de presión y manejo de expectativas.
El cruce de declaraciones entre Irán y Estados Unidos
Desde Irán, las autoridades negaron cualquier tipo de diálogo con Washington y calificaron las declaraciones de Trump como una maniobra destinada a influir en los mercados energéticos y ganar tiempo en el plano militar.
Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei, señalo que: “En los últimos días se han recibido mensajes a través de ciertos países amigos que indican una solicitud estadounidense de negociaciones destinadas a poner fin a la guerra. Se respondió a estos mensajes de forma adecuada y en consonancia con las posiciones de principio de Irán”.
No obstante, insistió en que no han mantenido “ninguna negociación con Estados Unidos”. “La postura de la República Islámica de Irán con respecto al estrecho de Ormuz y las condiciones para poner fin a la guerra sigue siendo la misma.” señaló Esmail.
Mientras que medios vinculados a la Guardia Revolucionaria reforzaron el mensaje señalando que no hay negociaciones en curso y que el estrecho de Ormuz seguirá cerrado. En ese sentido, Teherán también advirtió que cualquier ataque contra su infraestructura energética recibirá una respuesta inmediata, decisiva y eficaz, elevando el riesgo de una escalada aún mayor.
Portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baghaei. Foto: X @IRIMFA_SPOX.
Pese a estas negativas, Trump insistió en que los contactos sí existieron, asegurando que las conversaciones se prolongaron hasta la noche anterior y que fueron lideradas por su enviado especial para Medio Oriente, Steve Witkoff, junto a Jared Kushner. De acuerdo al mandatario, ambas partes tendrían interés en alcanzar un acuerdo y se estaría buscando un tercer país para continuar las reuniones dentro de esta ventana de cinco días, que él mismo definió como decisiva. O se alcanza un entendimiento o se retomarán los bombardeos “sin piedad”. En ese marco, incluso sugirió un eventual control conjunto del estrecho de Ormuz, entre él y el Ayatolá.
Además, afirmó que Irán podría abandonar completamente el enriquecimiento de uranio, incluyendo fines civiles, al igual que transferir su material enriquecido, declaraciones que no han sido confirmadas por ninguna fuente independiente.
Sin embargo, las inconsistencias aparecieron rápidamente, sembrando más dudas que certezas. Según el periodista israelí, Amit Segal, estos supuestos contactos no habrían sido con el liderazgo religioso iraní, sino con el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien días antes había rechazado cualquier alto el fuego. Pero, el propio Ghalibaf lo desmintió posteriormente, calificándolas como una “noticia falsa” destinada a manipular los mercados.
A esto se suma otro elemento clave, Trump volvió a instalar la idea de un “cambio de régimen” en Irán, pese a que su propia administración había comenzado a distanciarse de ese objetivo días antes, lo que refuerza la percepción de una narrativa fluctuante que busca proyectar avances o incluso una eventual victoria política.
Es decir, incluso aunque existieran canales indirectos, Teherán mantiene una línea dura que contrasta completamente con el relato estadounidense.
Pese lo anterior, desde Israel la lectura no es igual a la de Trump. El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que están llevando a Irán a una posición de debilidad sin precedentes, señalando que buscan situarlo en un escenario en el que “nunca antes ha estado”. Más tarde, señaló haber hablado con Trump, él mismo “cree que existe la oportunidad de aprovechar los grandes logros” militares, para alcanzar los objetivos de la guerra mediante un acuerdo que salvaguardará nuestros intereses vitales”, señaló Netanyahu. No obstante, recalcó que los ataques continuarán tanto en Irán como en el Líbano.
Primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: X @netanyahu.
Al mismo tiempo, fuentes israelíes han recomendado tomar con cautela las declaraciones de Trump, reconociendo que sus dichos han sido sorprendentes y que aún es demasiado pronto para saber si realmente se avanzará hacia el fin del conflicto. Lo anterior, refleja una falta de alineación total entre aliados, lo que añade una capa adicional de incertidumbre.
La reacción de los mercados
En el plano económico, la jornada de este 23 de marzo de 2026 se ha convertido en una de las más volátiles del año para el sistema financiero global. Tras haber rozado los 120 dólares por barril durante el fin de semana ante la amenaza de un ataque a infraestructura iraní, el petróleo experimentó una caída abrupta luego del anuncio de Trump. El Brent llegó a retroceder entre un 13 y 14% en cuestión de minutos, mientras el WTI siguió una tendencia similar. El dólar también se debilitó con fuerza, y en el caso chileno, la paridad dólar-peso llegó a caer más de 26 pesos durante la mañana, reflejando un alivio momentáneo en la percepción de riesgo.
Otros activos también reaccionaron, el cobre repuntó, el dollar index retrocedió y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense bajaron, mientras Wall Street se preparaba para una apertura en terreno positivo. Pero, este alivio podría ser transitorio.
El mercado se mantiene en un “compás de espera”, consciente de que Irán niega las negociaciones y que, por lo tanto, el fundamento de este optimismo podría ser frágil. En este contexto, el comportamiento de los precios responde más a expectativas que a cambios reales en el terreno.
Rendimiento del índice Ipsa chileno en los últimos días. Vía Investing.com/ipsa
En finanzas internacionales se conoce como “jawboning”, o persuasión verbal. Se trata de una estrategia en la que líderes políticos utilizan declaraciones públicas para influir en el comportamiento de los mercados sin necesidad de implementar medidas concretas. En este caso, el anuncio de posibles acuerdos actúa como un “pivote narrativo” que permite descomprimir temporalmente la presión, dando espacio a que los inversionistas retomen posiciones, aun cuando las condiciones estructurales del conflicto no hayan cambiado.
Y es que, más allá de las palabras, los indicios en el terreno apuntan en otra dirección. Reportes de inteligencia sugieren que las fuerzas estadounidenses ya habrían debilitado posiciones clave en la isla de Kharg, un punto estratégico para la exportación de petróleo iraní. Además, se ha detectado el despliegue de marines adicionales y buques de asalto anfibio en ruta hacia el Golfo, lo que indicaría preparativos para una posible operación de mayor escala.
En ese sentido, esta ventana de cinco días podría no ser casual, sino funcional a la necesidad de reposicionar fuerzas en una fase crítica del conflicto.
A esto se suma la solicitud de un presupuesto suplementario de 200 mil millones de dólares por parte de la administración estadounidense, destinado a financiar operaciones militares, reponer inventarios de munición de precisión y sostener una eventual ocupación o bloqueo prolongado.
Según el New York Times, EE.UU. está considerando desplegar en Medio Oriente a unos 3 mil paracaidistas pertenecientes a una brigada de la 82º División Aerotransportada. Esta fuerza, que puede desplegarse en cualquier parte del mundo en un máximo de 18 horas, se sumaría al despliegue en proceso de alrededor de 5 mil marines pertenecientes a la 31º Unidad Expedicionaria de Marines, proveniente de Japón, y al Grupo de Ataque Anfibio perteneciente al USS Boxer, el cual zarpó desde California en Estados Unidos.
Esto ocurre mientras crecen los rumores de una posible invasión terrestre de Estados Unidos en la isla de Jark, la cual pertenece a Irán y se encuentra en el Golfo Pérsico.
En tanto, también han surgido reportes sobre las condiciones que Irán exigiría para poner fin al conflicto. Entre ellas, un nuevo acuerdo sobre el estrecho de Ormuz que le permita controlar el acceso y cobrar tasas de tránsito, garantías firmes de que la guerra no se reanudará, el cese de ataques israelíes contra Hezbolá, el cierre de bases militares estadounidenses en el Golfo y compensaciones económicas por los daños sufridos. Se trata de un paquete de demandas de alto costo político y estratégico, que hace aún más difícil pensar en una resolución rápida.
