Menchu Gal, 20 años después
El Espacio Cultural Serrería Belga presenta la exposición 'Menchu Gal. Imágenes de una vida', la primera retrospectiva individual que se realiza dedicada a la pintora vasca en los últimos 20 años, con medio centenar de obras que recorren su evolución artística a lo largo del siglo XX.
La muestra supone el regreso de la obra de la artista a la capital, que "se merecía ya una exposición individual en Madrid después de 20 años sin haber tenido una", ha manifestado durante la presentación la coordinadora general de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, María José Barrero.
Menchu Gal (Guipúzcoa, 1919-2008) fue una pintora pionera cuya trayectoria se desarrolló en gran medida en la capital, donde residió durante más de cinco décadas, ha explicado la coordinadora, que además ha resaltado que fue la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Pintura en 1959.
Barrero ha explicado que la artista abandonó el esteticismo sombrío de la época de guerra en favor de "la dictadura de la luz y la libertad expresiva" y que su obra se caracteriza por el impresionante color y su "lenguaje propio, vibrante y viscerante".
La muestra, que incluye obras procedentes de colecciones particulares, del Ayuntamiento de Irún y de la Fundación Menchu Gal, aborda los principales géneros que trabajó la artista, como el paisaje, el retrato, los bodegones o los interiores; y podrá visitarse en la Serrería Belga hasta el 28 de junio.
Una artista del paisaje, pionera y feminista
El comisario general de la Fundación Menchu Gal, Edorta Kortadi, destaca que la artista fue una pintora "temperamental, fuerte y colorista" que trabajaba directamente sobre el lienzo, "sin bocetos previos, solamente con el caballete y la caja de pinturas".
"Solía decir que pintaba como respiraba, pintaba de una manera rotunda como vivía", ha recordado Kortadi, quien también ha comentado que en la muestra los paisajes españoles ocupan un lugar central.
"Además de bodegones, de flores y de retratos y figuras, Menchu Gal es sobre todo paisaje, paisaje meseteño, paisaje castellano, paisaje del norte o paisaje del País Vasco", enumeraba en la presentación.
El representante de la fundación apunta que "el paisaje que habitaba y que vivía lo llevaba al lienzo, al igual que los objetos de la vida cotidiana y las personas a las que amaba".
La comisaria de la exposición, Marisa Oropesa, señala que el recorrido de la exposición hace una retrospectiva de la artista a través de sus distintas etapas, desde los inicios más naturalistas hasta su evolución hacia el cubismo, el fauvismo y el expresionismo.
A lo largo de su carrera, Gal participó en numerosas exposiciones nacionales e internacionales y mantuvo contacto con algunos de los principales movimientos artísticos del siglo XX, aunque fue "una mujer muy libre y muy rebelde" que desarrolló un estilo propio al margen de las corrientes dominantes, marcado por "las explosiones de colores", afirma la comisaria.
"Ella nace para la pintura", explica Oropesa, quien define a la artista como "un genio" desde temprana edad -ya que comenzó a dibujar con siete años y creó una de sus obras más destacadas con apenas trece- y "una pionera que hizo mucho por el feminismo".
"Ella fue rompiendo moldes y creo que todas las mujeres, pero sobre todo las artistas, le tenemos que estar agradecidas", concluye.
