Extractivismo y la desregulación total en tres actos
Estábamos avisados y avisadas; en ningún momento se ocultó la intención del gobierno entrante para acelerar la regresión estructural que se ha implementado durante los últimos años en materia de derechos sociales. Por el contrario, la candidatura de Kast se mofó de las demandas sociales, manipuló emociones en beneficio propio e instaló ideas que, hoy, le permiten golpear la mesa a diestra y siniestra.
Esta semana la (no tan nueva) voz del pinochetismo no ha escatimado en tiempo, y desde el primer momento abrió la puerta a la desregulación total, que en materia socioambiental ha encontrando uno de sus puntos fuertes.
Desde el mismo palacio de La Moneda que fue bombardeado hace más de 50 años por su sector político, Kast lanzó una guerra relámpago que duró tres actos en su primera semana como presidente:
Primer acto: firmó un decreto que ordena a la cartera de Medio Ambiente que destrabe 51 tramitaciones presentes en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), los cuales contemplan proyectos en diversos sectores como el minero, energético y de infraestructura.
Segundo acto: el presidente de Chile firma un acuerdo con el vicesecretario de Estado de EEUU, Christopher Landau, que permitiría la creación de consultas bilaterales respecto a proyectos e intereses de minerales críticos -entre ellos, las tierras raras-, lo cual facilitaría que los bienes naturales del país se coloquen a disposición del aseguramiento de la cadena de suministro estadounidense.
Tercer acto: manoseando el patriotismo, Kast ocupa a la población Ríos de Chile -sector fuertemente golpeado por los incendios forestales en Penco- como el lugar para lanzar su “Plan de Reconstrucción Nacional” (PRN). Acá, la batería es contundente, pero se concentra en ajustes al gasto fiscal, un eufemismo para la puerta de entrada del recorte al financiamiento de derechos sociales que se han obtenido por parte de organizaciones y comunidades. Pero también, entre otras cosas, el PRN apunta a desarticular la institucionalidad ambiental para acelerar la tramitación de proyectos; limpiar la cancha de “trabas” ambientales no es precisamente para generar más desarrollo para el país o ingresos para reconstruir Chile, sino para asegurar más ingresos para sus amigos, para los poderosos.
¿Cómo se llama la obra?: Desregulación y extractivismo desaforado. Es lo que veníamos viviendo desde hace tiempo, pero hoy viene a tener un reimpulso que cuenta con un marco de impunidad mucho más amplio, y que logra instalarse a través de un camino allanado por el gobierno anterior, incapaz y totalmente desinteresado en blindar conquistas sociales.
Sabíamos que vendría una mano de este tipo; estaba escrito y dicho en todos los tonos. Pero, a diferencia de lo planteado por sectores sociales que se muestran “en luto” del gobierno saliente, no es momento de tomar palco o “disfrutar lo votado”.
Mientras se retiran 43 decretos de la toma de razón de Contraloría, importantísimos decretos -como la norma de emisión de arsénico o la declaración de monumento natural del pingüino de Humboldt- algunos subidos en los últimos días de gobierno de Boric, también se multiplican las razones y experiencias para que las comunidades vuelvan a instalar la agenda socioambiental como prioridad intransable en la disputa política.
Es momento de reforzar el trabajo, la organización y la disposición a resistir a esta oleada que no tiene actos limitados, toda vez que el fin último es beneficiarse más a costa de la precarización de nuestras vidas y de la Naturaleza. Que hacer memoria de las luchas que vinieron antes de las nuestras sea un ejercicio constante que nos permita reconocer las trampas del presente y sostener la defensa de nuestros territorios.
