El PSOE espera que Rufián una a toda la izquierda y aplaude su acercamiento a Podemos
La izquierda vuelve a mirarse al espejo. Y lo hace, esta vez, en Barcelona. Allí, el próximo 9 de abril, el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y la eurodiputada de Podemos Irene Montero compartirán escenario con el exdirigente de los comunes Xavier Domènech para ensayar algo más que un debate: una tentativa de reconstrucción de un espacio político fragmentado.
En el Gobierno siguen el movimiento con atención, pero sin estridencias. La vicepresidenta y número dos del PSOE, María Jesús Montero, evita poner el gesto torcido. Al contrario: avala la iniciativa. Cree que toda articulación a la izquierda de los socialistas “es importante”, siempre que cumpla una función clara: ordenar el voto de quienes no quieren apoyar al PSOE pero siguen dentro del perímetro ideológico progresista. Por eso, los socialistas esperan que Rufián una la izquierda.
No es un matiz menor. En Moncloa saben que ese espacio, dividido y en competencia permanente, penaliza más de lo que suma. Por eso, mientras observa el acto impulsado por Rufián y Montero, la dirigente socialista introduce una condición política de fondo: la unidad. No basta con reunirse ni con reflexionar; hay que integrar. O, al menos, intentarlo.
El propio formato del encuentro —planteado, según fuentes republicanas, como un intercambio de ideas sin derivadas electorales inmediatas— deja margen para la ambigüedad. Pero en el PSOE leen entre líneas. Y lo que ven es una oportunidad… siempre que no se convierta en otro espacio excluyente.
“Vamos a ver lo que programan”, desliza Montero, en un tono medido que mezcla expectativa y cautela. Porque el verdadero examen no será la foto de Barcelona, sino quién queda dentro de ella. La vicepresidenta no lo oculta: ese paraguas debería ser más amplio. Debería incluir también a Sumar y al resto de formaciones de la izquierda alternativa.
El problema, admite, es conocido. “Es difícil”. Lo ha sido siempre. Pero la necesidad política sigue ahí, intacta. En un momento de fragmentación y competencia interna, la unidad deja de ser un eslogan para convertirse en una condición de supervivencia electoral.
Y ahí, en ese equilibrio inestable entre la suma y la dispersión, se mueve la izquierda española. A la espera de comprobar si esta vez, al menos, alguien logra coserla. O si, una vez más, vuelve a quedarse en el intento.
Lo cierto es que el PSOE, pese a que su objetivo electoral es alimentarse de cuantos votos a su izquierda pueda, necesita que sus primos ideológicos sean competitivos para torpedear una mayoría del PP y Vox que hoy por hoy certifican todas las encuestas.
Por eso, los socialistas han puesto sus ojos en Rufián. Como ya contó este diario, el portavoz del grupo socialista, Patxi López, negocia con él la eclosión de un proyecto político que reconfigure el tablero electoral.
Cabe recordar que fue el propio Rufián quien propuso este verano, desde el Congreso, una integración de las fuerzas políticas de la izquierda soberanista. Rufián sigue la estela de su padrino político: Joan Tardá, principal abanderado de la unidad de las izquierdas soberanistas en el Estado.
El problema es la resistencia de sus «compañeros». Ni su propio partido, liderado por Oriol Junqueras, ni EH Bildu están por la labor. Si acaso el BNG vería con buenos ojos sentar las bases de una colaboración estratégica. El PSOE, no obstante, cree que impulsando la figura de Rufián puede favorecer esa reconfiguración que supere el proyecto de Yolanda Díaz.
