Vivir con un chico santo
Ha provocado mucho revuelo Rosalía con su disco «Lux» y va a renovarse, con su espectacular gira mundial. Me interesa menos que sea sincero su interés por el cristianismo que, con buen olfato comercial, haya detectado una nueva apertura de los jóvenes, la misma que critica lógicamente Silvia Abril, porque uno afea aquello que desconoce y le hace sentir inseguro. Con los jóvenes religiosos llegan también sus nuevos santos, como Carlo Acutis y Marcos Pou, el primero italiano y español catalán el segundo. Resulta que tuve la suerte de conocer personalmente a éste, porque estudió la carrera de Físicas y explicó astronomía en los Pirineos a un grupo de amigos que me lo habían presentado y con los que me dejé acercar a la bóveda del cielo una noche inolvidable y clara. Era entonces un universitario deportista y muy guapo que llamaba la atención de las chicas.
Sale ahora un libro de Alfonso Calavia, su amigo coetáneo, titulado «No hay amor más grande» (Ed. Encuentro) que me ha revelado el universo profundísimo de aquel chico. Al acabar la carrera, Marcos Pou entró en el seminario de Barcelona y, apenas semana y media después, se mató cuando un coche arrolló su moto. Estas desgracias son más comunes de lo que nos gustaría, lo que no es tan común es que en el funeral, dos días después, se dieran cita en la Iglesia más de mil personas y el obispo. Como ahora revela Calavia, Marcos Pou, de 23 años, había tejido una amplísima red de amigos que reconocieron en él una condición sorprendente, que le permitía ayudar a cientos de ellos, desde los miserables que atendía en la residencia de las Hermanas de la Caridad, hasta los colegas que acudían a contarle todo tipo de problemas. Resulta fascinante seguir la trayectoria de este muchacho, el mayor de cinco hermanos catalanes, y desentrañar el nacimiento de una vocación que pasó de los temores infantiles al encuentro con la fe de sus padres, la pasión por el fútbol, la experiencia de un noviazgo atípico, la conversión profundísima y la muerte, en un especie de ofrenda vertiginosa. Calavia responde en este libro a la pregunta de Dostoievski: “¿Puede un hombre actual creer realmente en Dios?”.
Pese a su juventud, Pou protagonizó episodios que desconciertan. Él y su excepcional novia, por ejemplo, evolucionaron juntos hacia sendas vocaciones -ella se consagró también- porque comprobaron que el amor que sus corazones anhelaban era más grande incluso que el que mutuamente se tenían. Eso les permitió permanecer siempre como amigos preferentes.
¿Qué tipo de fenómeno está ocurriendo que transforma la vida de tanta gente y cambia los paradigmas juveniles hasta dejarnos asombrados? Lean a Alfonso y descubran lo que le pasó a Marcos.
