Respeto al luto preventivo... ¡Qué guerra dais!
Dejó escrito Antonio Machado que «Soria es una barbacana hacia Aragón que tiene la torre castellana». Sin embargo, cuando murió su amada Leonor y sintió la necesidad de vagar sin rumbo, el poeta no echó a andar hacia tierras aragonesas, sino que se refugió en el sur, para rumiar su dolor por las calles de Baeza. A este PSOE sanchista la barbacana soriana tampoco le ha invitado a asomarse a Aragón, de donde ya venía escaldado, sino que le ha puesto, como a Machado, en la senda andaluza. La diferencia primordial es que el luto socialista es todavía preventivo. María Jesús Montero aún no ha fenecido en el «matadero político de Andalucía», como se lo definió el malaje de su paisano Bendodo, pero ya se la ve taciturna, como los pavos en Nochebuena. Uno presta atención a los medios de sensibilidad sanchista y, tímidamente, una verdad incómoda empieza a salir del armario: el hartazgo de tanto marketing y tanto relato. Carlos Martínez no ha ganado en Castilla y León, pero su amortiguada derrota ha confirmado que más vale la maña de un alcalde soriano pegado al terreno que la fuerza bruta de cualquier paracaidista monclovita dispuesto a romperse la crisma contra las urnas autonómicas.
La barbacana que Castilla tiene hacia Aragón ha dictado sentencia y Marisú parece consciente de que lo suyo pinta mal. Más si cabe, tras confirmarse que el gobierno no ha sido capaz de resucitar el AVE a Málaga antes de Semana Santa, con las pérdidas millonarias que eso supone. Y como a perro flaco todo son pulgas, a poco de comenzar la sesión de control, cumpliéndose además dos meses del accidente de Adamuz, saltaba la noticia de que el sistema ferroviario volvía a vivir un día de retrasos y exasperación. Hasta el machote de Mussolini, que dijo aquello de «guerra es una palabra que no nos da miedo», prometió a los italianos, por la cuenta que le tenía, que los trenes serían puntuales. Y, aun con todo, en ese ambiente vidrioso con el que afrontaba el trance, Sánchez decidió ignorar el caos ferroviario para centrarse en su relato sobre la guerra.
Arrancó el líder del PP como los toros que asoman a la plaza ligeros de pies. Núñez Feijóo soltó el enjambre de zascas con la saña con la que se lanzan los drones en Oriente Medio: felicidades a los socios por los cero escaños conseguidos y felicidades al presidente por las cero victorias electorales desde que volvimos de la pandemia. Diez derrotas en cuatro años. Chúpate esa, Pedro. Eres un perdedor que retrasas las ayudas a los españoles para beneficiarte de la recaudación inflacionista de la guerra. El presidente del Gobierno arqueó las cejas y procedió a contestar como el vendedor de la Thermomix que te suelta el rollo preparado de casa, te pongas como te pongas. Sánchez se pegó a su relato del «No a la Guerra», convencido de que los españoles van a odiar al PP por no oponerse a las bombas que están haciendo carpacho de turbante con los ayatolás. Adicto a los eslóganes, el presidente fantaseó con que el lema de su adversario acabe siendo «Sí a la Guerra, No a las Ayudas». Nada le divertiría más que un rechazo de la oposición al decreto de mañana, viernes, aunque esta vez tendrá más complicado envenenarlo porque el PNV no está para tonterías. Maribel Vaquero recordó al presidente que tiene sólo dos días para sacar del decreto de ayudas las propuestas más radicales antes de aprobarlo en Consejo de Ministros.
En ese ejército de mil leches que es el Frankenstein, el PNV actúa como el repelente niño Vicente que hace las preguntas incómodas: ¿cómo piensa afrontar esta crisis, sin el comodín de los fondos europeos o la relajación de las reglas fiscales? Al inquilino de la Moncloa la pregunta le pareció tan sesuda, que se fue por los cerros del diálogo y tal y cual, no sin reconocer una verdad que hasta ahora se tenía bien calladita: su coalición no es sólo progresista, también está formada por partidos de «centroderecha» con los que le toca negociar. Endevé de lo que se entera uno…
La tercera pregunta al presidente corrió a cargo de Podemos, ese batallón de tertulianos auxiliado por cuatro diputados. Belarra exigió respetar el blindaje a los okupas en el decreto de ayudas, cerrar las bases de Rota y Morón, salir de la OTAN y dos huevos duros. Fue entonces cuando resonó el galope del Jinete sin Cabeza de Sleepy Hollow, anteriormente conocido como Sumar. En ausencia de la cinematográfica Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy había proclamado en los pasillos que él no piensa comerse el marrón de sustituir a Díaz ni harto de vino peleón. No todos tienen la vocación de mártir que está demostrando Marisú camino de esa Andalucía a la que marcha dejando colgados los presupuestos. Antes de que terminara la sesión, se supo que Salvador Illa también había aplazado la aprobación de las cuentas catalanas. Las prebendas que exige ERC no deben menearse antes de las urnas andaluzas. Respeto al luto preventivo. Ganar tiempo. ¡Qué guerra de legislatura!
