La incontestable victoria de
Joan Laporta en las elecciones presidenciales del pasado domingo merece nuestra felicitación. Fue esa victoria clara y contundente, en una jornada de auténtica democracia, algo que está al alcance de muy pocos clubs. En unos casos, porque su modelo es el de la propiedad privada, y en otros, porque el cacique de turno ha puesto unos requisitos sociales y económicos inasumibles para sus posibles rivales, lo que anula todo atisbo de democracia.
Con la reelección de
Laporta, abre en el Barça una época de especial importancia con la perspectiva del Mundial 2030, en el que el Camp Nou deberá lucir como un símbolo que será un icono de Barcelona. En este camino habrá que hallar también la solución para el problema económico, que ahora es lo más preocupante, porque hipoteca ese futuro esperanzador.
En efecto, tras la victoria social en las urnas, el equipo de
Flick nos deleitó con la mayor goleada de la temporada y, lo no menos importante, en un Camp Nou que vio la eclosión de otro producto de La Masia llamado
Espart y el reencuentro con
Gavi.
Esta tarde, ante el Newcastle llega el segundo el reto de la semana, que culmina el domingo con la visita del Rayo. Al amparo ya de más de 60.000 espectadores, los de
Flick han de culminar el trabajo que comenzaron en el Saint James’ Park. El rocoso equipo de
Howe es de los pocos que no se ha europeizado y mantiene ese estilo físico británico que tanto incomoda a equipos como el Barça, fieles al virtuosismo del balón, como se mostró en el partido de ida. Para el Barça, pues, la primavera no comienza el viernes, sino que ha de comenzar hoy.
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