El Atlético solventó con victoria la visita al dentista que supone enfrentarse al Getafe, espectacular el único tanto del partido, un misil de Nahuel Molina en los primeros compases que hizo prever un amplio resultado para los del Cholo. Realidad que nunca llegó a escenificarse por otra parte, correosos los azulones, siempre con un extra de agallas y de ciega fe que les permitió contar con numerosas ocasiones para devolver el empate al marcador. Pero fue la expulsión de Abqar , feo gesto del marroquí al tocarle a Sorloth donde no se debe, una losa demasiado difícil de levantar. En inferioridad numérica, los rojiblancos pudieron golear, pero los habituales milagros de Soria dejaron el 1-0 en el marcador. Djené como mediocentro con una línea de cinco guardándole las espaldas es café para los muy cafeteros, y así ordenó Bordalás a su Getafe en el Metropolitano, un auténtico búnker que pretendía regalarle todo el esférico al Atlético y ver si el seso le daba para buscarle las cosquillas. Defendían los visitantes cada centímetro de césped como si de las Termópilas se tratase, bravos y dispuestos a lanzarse de cabeza a por los balones divididos, a la espera de que Satriano cazase algún despeje y frotase su lámpara. Un plan que, sin embargo, hizo aguas cuando Molina , muy lejos de su zona de influencia, desde la izquierda, soltó un zapatazo que fue a parar a la escuadra de Soria, endiablada su curvatura y delicioso su aterrizaje en la red. En 8 minutos, el Atlético había desmantelado las intenciones del Getafe, al que le tocaba recolocarse y descubrir nuevos senderos hacia el empate perdido. Jugaba con fuego porque sus rivales estaban de lo más voraces, intensos en la presión y con cierta pericia para tejer prometedoras circulaciones. Una combinación que provocó una gran cabalgada de Nico , estropeada por un fatal centro de Almada, y un peligroso disparo de Nahuel que condujo a Soria hacia el esfuerzo. Parecía cuestión de minutos que los del Simeone aumentaran la ventaja, pues el Getafe ni se acercaba a Musso y sus pupilos parecían tener la daga afilada. Sorloth , con un cabezazo, muy bien asistido el nórdico por Baena, casi confirma la teoría, pues solo le faltó cuadrar un poco más su robusto cuello, que bien valdría para partir nueces. La ocasión, pese a todo, fue junto con un nuevo estocazo de Molina, fallón ahora el argentino, el último fogonazo del primer tiempo, densos sus últimos minutos y plagados de imprecisiones. El partido volvió con energías renovadas de los vestuarios, tan mágica como embarullada una ocasión de Satriano que obligó a Musso a revolverse como una comadreja para evitar el gol. La valentía del uruguayo desató al Getafe más punzante, que dificultaba a la defensa local con su juego por bandas, y que incluso gozaba de alguna oportunidad, como un chut de Luis Milla . Un juego al alza frenado por una roja directa a Abqar , sancionado después de tocarle o pellizcarle las partes nobles a Sorloth en un enganchón. Además, en la siguiente disputa, Ortiz Arias le mostró la amarilla a Romero por simular un codazo del noruego. Enseñó la sangre de sus labios al Metropolitano, pero el colegiado mantuvo su decisión ante el cabreo del los jugadores azulones. Como el partido amenazaba con convertirse en un continuo ajuste de cuentas, después de una nueva estirada de Soria, Simeone dotó de pólvora a su once con las entradas de Julián, Lookman y Giuliano, tres balas con las que cercenar las esperanzas de los de Bordalás . Lo cierto es que el impacto de los recién salidos fue palpable con inmediatez, más incisivo el Atlético, solo necesitado de una pizca de suerte para que alguno de sus astros se plantase con soledad ante la portería rival. Una situación similar a la que vivió Arambarri que, pese a situarse ante Musso sin casi oposición, no fue capaz de golpear la bola como demandaba la situación. Esa pareció ser la última bala de los visitantes, algo extenuados ante un Atlético que comenzaba a enlazar golpeos desde zonas francas gracias a sus contrataques. Hasta tres remates en el área pequeña llegaron a enlazar los colchoneros, una ráfaga desactivada por Soria, excelso su hacer, y sus guardaespaldas, a los que hay que vaciarles un cargador a bocajarro para que descuiden sus obligaciones. Pese a todo, aún tuvo que hacerse grande una vez más Musso en el tiempo añadido, irreductible un Getafe que abandonó el Metropolitano con una derrota pero con nada de lo que arrepentirse.