Por las niñas
Directora de Proyectos en Mexicanos Primero.
En el marco del 8M, son muchas las conversaciones y los datos que encontramos en los medios y en las redes sobre las violencias que vivimos las mujeres, y aun así hay quien cuestiona la pertinencia de la conmemoración y la protesta ese día. Por eso hoy quiero sensibilizar acerca de un grupo por quienes valió toda la pena salir a marchar: las niñas.
Podemos empezar a hablar de por qué se alejan de la escuela, y corroborar que las causas registradas en la última Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENID), en la inmensa mayoría de los casos, son violencias sistémicas más que simple deserción.
La primera causa por la que las estudiantes interrumpen su trayectoria escolar es porque se ven obligadas a trabajar o a participar en labores de cuidado. De acuerdo a ONU Mujeres dos de cada tres niñas dedican más de 6 horas diarias al cuidado de hermanos menores, personas mayores o enfermas.
La segunda causa de abandono escolar entre adolescentes de 15 a 19 años es que se casaron, unieron o tuvieron un hijo o hija. Y eso no es todo, entre las niñas menores de 15 años esta misma, es la tercera causa, así de grave el asunto.
El embarazo en la adolescencia no es un hecho aislado: suele estar vinculado a desigualdades estructurales, falta de educación sexual integral y, en demasiados casos, violencia sexual. De acuerdo a datos de Save the Children México, casi la mitad de las adolescentes que se embarazaron fue de hombres considerablemente mayores. En el grupo de niñas de 10 a 14 años, sí, así como se lee: de diez a catorce años, en el 46.6% de los casos el padre tenía entre 20 y 45 años.
Los embarazos adolescentes están estrechamente ligados a otra de las grandes violencias que las niñas padecen: los matrimonios infantiles, que, aunque están ya prohibidos en nuestro país desde 2020, las uniones informales o a través de ritos religiosos continúan. De acuerdo a la Fundación Todas y Todos, 1 de cada 5 mujeres en nuestro país se casa antes de cumplir la mayoría de edad y el Censo de Población y Vivienda del INEGI documenta que en el año 2020 se contabilizaron más de 237 mil niñas y adolescentes de 12 a 17 años en un matrimonio o unión temprana, en la mayoría de los casos, con hombres por lo menos 6 años mayores que ellas. La mayoría de las adolescentes en situación conyugal tiene entre 15 y 17 años, sin embargo, hay casos registrados de niñas menores de 14 y es notable que a partir de los 13 años el número crece progresivamente; situación que podría estar relacionada con la menarquía o primera menstruación.
Hablando de menstruación, una encuesta de UNICEF reveló que en nuestro país el 43 % de las chicas prefiere no asistir a clases durante su periodo menstrual y los motivos van desde la carencia de información, la falta de productos de higiene que obliga a más del 30% a improvisar con papel de baño o trapos, hasta la increíble realidad de que en pleno año 2026, las escuelas no tengan baños.
A pesar de todo lo anterior, según una revisión puntual de Mexicanos Primero en 2025, sólo 12 estados (Baja California, Campeche, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, Sonora, Tamaulipas y Zacatecas) cuentan con estrategias, acciones y programas dirigidos a erradicar la violencia de género en sus Programas Sectoriales de Educación y son únicamente 17 entidades las que han reformado sus leyes de educación para buscar la erradicación de la pobreza menstrual.
Si después de leer este texto, hay quien se siga preguntando ¿por qué el pasado domingo las mujeres salimos a las calles? La respuesta es simple: marchamos por un país en el que tanto las autoridades como la sociedad hagan su parte para que las niñas y las adolescentes estén en la escuela. Exigimos un país en el que la violencia no arrebate la infancia y deje a las niñas crecer, jugar y aprender.
