La náutica de recreo en España vive una redefinición estructural. Entre 2007 y 2009 las matriculaciones cayeron hasta un 60 %. Aquella crisis financiera corrigió un mercado inflado por crédito fácil y una euforia inmobiliaria que distorsionó la demanda real. Desde entonces, las ventas se ha mantenido prácticamente planas, incluso con ligeros descensos en los últimos ejercicios. El segmento más doméstico, especialmente por debajo de los 12 metros, no ha mostrado crecimiento estructural, al contrario. La base náutica nacional existe, aunque tener barco siga siendo, no nos engañemos, un bien asociado a rentas altas, por eso su capacidad de expansión es limitada. En paralelo, el modelo portuario ha evolucionado. Barcelona fue pionera al transformar el Port Vell en un hub...
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