Adam Silver impulsa nuevas medidas en la NBA para frenar las derrotas estratégicas
La NBA ha decidido meter mano de una vez por todas al “tanking”, esa práctica de perder a propósito para mejorar posiciones en el Draft que lleva años instalada en la competición. No es algo nuevo, pero el creciente ruido mediático y la sensación de que algunos equipos han llevado la estrategia demasiado lejos han empujado a la liga a reaccionar. Adam Silver quiere intervenir ahora que el debate es más sonado que nunca y estudia cambios para limitar unas derrotas deliberadas que, aunque habituales en el pasado, amenazan con erosionar la credibilidad del campeonato y el valor del espectáculo.
La ofensiva comenzó a fraguarse este jueves en una reunión clave entre Silver y los directores generales de las franquicias. Según adelanta la cadena ESPN, el plan que se someterá a votación el próximo mes busca dinamitar los incentivos por la derrota mediante una reforma revolucionaria: fijar las probabilidades de la lotería del Draft en una fecha determinada del calendario. Con este movimiento, se eliminaría de un plumazo el beneficio de encadenar derrotas en las últimas semanas de la fase regular, una estrategia que desvirtúa la clasificación y adultera el producto que se exporta a todo el planeta.
Multas millonarias contra la desidia
Esta firmeza no es solo retórica, sino que viene acompañada de sanciones que ya desangran las arcas de los equipos. La liga ya ha multado recientemente a los Utah Jazz con 500.000 dólares por sentar a sus piezas clave en momentos decisivos de partidos igualados. No es un caso aislado: los Indiana Pacers han tenido que abonar 100.000 dólares por no alinear a estrellas como Pascal Siakam, sumándose al correctivo de 750.000 dólares que ya sufrieron los Dallas Mavericks el pasado curso por una maniobra similar de ingeniería deportiva.
El propio Silver ha sido tajante al asegurar que cualquier remedio para detener este comportamiento está sobre la mesa de debate. La prioridad es garantizar una competencia justa y cumplir con las expectativas de unos aficionados que exigen ver el mejor nivel posible en cada jornada. Aunque ya existe la Política de Participación de Jugadores, diseñada para evitar que las figuras descansen en partidos televisados, en las oficinas de Nueva York cunde la sensación de que todavía no es suficiente para erradicar la picaresca de los despachos.
La liga estadounidense se juega su credibilidad en este pulso contra los directivos que prefieren el rédito futuro al respeto por el presente. Al endurecer los castigos y eliminar las recompensas por la mediocridad, la NBA busca recuperar la esencia competitiva que la convirtió en un referente global. El mensaje es directo y no admite interpretaciones: la derrota deliberada dejará de ser una estrategia rentable para convertirse en un lujo prohibitivo para cualquier bolsillo.
