José Jerí es destituido como presidente del Perú: el país deberá elegir su octavo presidente en 10 años
Perú confirma su octavo presidente en una década tras la caída de José Jerí. El Pleno del Congreso alcanzó hoy 75 votos a favor del mínimo de 66 necesarios para censurar a la Mesa Directiva, provocando la salida inmediata de Jerí de la Presidencia de la República. El escándalo del “Chifagate” y las cuestionadas contrataciones de su entorno pesaron más que el pacto de gobernabilidad, dejando al país en manos de una nueva sucesión interina a solo semanas de las elecciones de abril.
Con esta decisión, el Congreso deberá elegir hoy mismo a un nuevo titular que se convertirá en el octavo jefe de Estado desde 2016. La caída del ahora exmandatario, quien apenas superó los cuatro meses en el cargo, profundiza la crisis de una silla presidencial que parece haberse vuelto desechable, mientras la ciudadanía observa con escepticismo un nuevo cambio de mando en medio de una emergencia por inseguridad.
José Jerí, nuevo presidente Perú. Foto: IG @soyjosejeri.
Así, la crisis política en el Perú sigue escribiendo capítulos en una historia marcada por la inestabilidad institucional, en un pleno extraordinario donde se debatieron y votaron siete mociones presentadas en su contra, un número récord incluso para los estándares peruanos.
Las “siete balas” contra Jerí
Los medios han bautizado estas mociones como las “siete balas”, una estrategia parlamentaria en la que cada moción apunta a un flanco distinto para asegurar que, si una no convence a los indecisos, otra lo haga. De las 7, estas se pueden resumir en tres aristas principales que el mandatario no logró sortear.
La más emblemática es el llamado “Chifagate”, el escándalo que estalló a fines de enero cuando un programa de investigación difundió imágenes de cámaras de seguridad de un restaurante de comida china en el distrito limeño de San Borja. En los registros se observa a Jerí ingresando por una puerta lateral, fuera del horario de atención, con capucha, lentes oscuros y mascarilla, donde lo esperaba el empresario chino Zhihua Yang, representante de un consorcio vinculado al megapuerto de Chancay y a proyectos de infraestructura energética que comprometen millonarios contratos con el Estado.
Imagenes de la cámara de seguridad del Chifa, donde José Jerí visito al empresario chino que destapó el llamado “Chifagate”. Vía X@martinfiera
Cuando el caso se hizo público, el mandatario negó ser la persona de las imágenes, pero luego reconoció haber asistido a una “reunión privada de carácter personal”, asegurando que solo buscaba comprar dulces chinos. Además, investigaciones posteriores sugieren que aquella cita podría ser solo la punta del iceberg, ya que también se le cuestionan otras reuniones que no figuran en el portal de transparencia.
A esto se suma un segundo escándalo ligado a presuntas contrataciones irregulares. Un destape periodístico reveló que al menos cinco mujeres —algunas fuentes hablan de hasta catorce— ingresaron al Palacio de Gobierno o a su oficina en horarios nocturnos y semanas después obtuvieron contratos en instituciones públicas sin cumplir, aparentemente, con el perfil técnico requerido. El tema resulta particularmente sensible, ya que incluso antes de asumir la presidencia Jerí había estado rodeado de escándalos sexuales durante su etapa como legislador.
La tercera arista apunta directamente a su capacidad de gobernar. Pese a que asumió el poder en octubre de 2025 prometiendo una “guerra total” contra el crimen organizado, los índices de extorsión y sicariato han aumentado cerca de un 20% en lo que va del año, especialmente en el norte del país, donde las bancadas más afectadas impulsan parte de la ofensiva para removerlo.
El voto en el hemiciclo que destituyó a Jerí
La supervivencia del mandatario dependía de una alianza pragmática. Su partido base, Somos Perú, más Fuerza Popular y Alianza para el Progreso, aparecen como aliados clave que, al mismo tiempo, se mostraron ambiguos criticando al presidente públicamente. Incluso Perú Libre, pese a ser oposición ideológica, ha coincidido en votaciones clave para mantener cierta estabilidad administrativa.
En el bloque contrario se ubican la bancada progresista y Juntos por el Perú, además de sectores conservadores que consideran al mandatario incapaz de frenar la ola de criminalidad y un grupo de independientes que podría apoyar la censura.
Sesión del congreso del Perú, debatiendo las mociones de censura en contra de José Jerí. X@congresoperu
Cabe destacar que, en horas previas a la votación, creció el rumor de que Alianza para el Progreso podría dar la sorpresa si negocia que el eventual reemplazante provenga de sus filas, hecho que finalmente sí ocurrió. Fuerza Popular, en tanto, hizo un llamado a la “madurez política”.
Todo esto sucede a menos de dos meses de las elecciones del 12 de abril, donde Perú no solo elegirá presidente y vicepresidentes, sino que además volverá a la bicameralidad, renovando Senado, Cámara de Diputados y representantes al Parlamento Andino. El escenario es extremadamente fragmentado: con más de 30 candidatos —un récord—, el líder apenas bordea los dos dígitos. El conservador Rafael López Aliaga encabeza con un 11,9%, seguido por Keiko Fujimori con un 9,2%. Más atrás aparece el comediante Carlos Álvarez con un 5,8%, capitalizando el hartazgo ciudadano, mientras el académico Alfonso López-Chau crece lentamente como alternativa de izquierda moderada.
