Demócrito, filósofo griego: «Muchos hombres viven como si nunca fueran a morir, y mueren como si nunca hubieran vivido»
El ser humano es complejo, ha ido cambiando y adaptándose, pero hay preocupaciones que parecen ser constantes a lo largo de la historia y sabemos que es así gracias a los pensamientos y trabajos de los filósofos, los que se estudian en las escuelas de España y los que no.
Gran parte de la gente vive como si el tiempo de cada uno en la tierra no fuera limitado, algo que el filósofo griego Demócrito quiso poner sobre la mesa. Una reflexión que tan solo es una parte de sus estudios, pero que invita a reflexionar sobre la importancia de la vida, el tiempo y la felicidad.
Demócrito, agudo observador de la naturaleza humana
Discípulo de Leucipo, Demócrito de Abdera (c. 460 – 370 a.C.) es uno de los principales representantes del atomismo. Él afirmaba que todo está compuesto de átomos, una idea que no pudo ser confirmada científicamente hasta muchos años después. Si bien sus teorías señalan que todo sucede por necesidad, que un acontecimiento lleva al siguiente de manera natural, también establecen que eso no exime a los hombres de hacerse responsables de sus acciones.
Está considerado uno de los filósofos presocráticos más importantes, aunque fueron coetáneos y de la vida de Demócrito se conoce muy poco, salvo su conexión con Abdera. Allí nació, vivió y recibió una buena educación hasta la muerte de su padre, cuando aceptó su herencia y se marchó. Viajó por todo el mundo mediterráneo y pasó varios años en Egipto. A su regreso, se dedicó a estudiar, escribir e investigar sobre el mundo natural.
Demócrito fue un físico, pero también un filósofo moral y un observador del alma humana, lo que le llevó a reflexionar sobre la fugacidad de la vida, siendo consciente de que el tiempo de los hombres es limitado. «Muchos hombres viven como si nunca fueran a morir, y mueren como si nunca hubieran vivido» es una de las afirmaciones que se atribuyen a este filósofo griego.
Reflexiones sobre la fugacidad de la vida
Demócrito analizó la materia, pero también el sentido de la vida y el tiempo, y esta frase que nos ocupa es un claro ejemplo de ello, de la importancia que le da no solo al tiempo que las personas tienen en la tierra, sino también a lo que hacen con el tiempo de vida que tienen. Una idea que, a pesar del tiempo que ha pasado desde que Demócrito la puso sobre la mesa, sigue siendo actual, una preocupación que muchas personas comparten.
Para él es especialmente importante que los hombres sean conscientes de su propia existencia, de que su tiempo de vida es finito, saber eso es lo que hace que la vida tenga sentido, lo que nos invita a sacarle el máximo partido posible y no dedicar más tiempo del debido a hacer cosas que no les llenan.
El filósofo defiende que la felicidad está en la vida equilibrada, guiada por la razón y la moderación. Presenta un concepto clave, la eutimia, que podría traducirse como la ‘serenidad del alma’, un estado que se alcanzaría a través de la autoobservación, el conocimiento y alejándose de pasiones desmedidas. Para vivir bien y feliz es clave hacerlo con conciencia del tiempo, sin derrocharlo en preocupaciones inútiles o pasiones desmesuradas.
